viernes, 24 de julio de 2015

El coleccionista de sueños: La primera noche


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– ¿Cómo le ha ido? – La voz resonó en el silencio de la nada como un tambor en un templo budista, alterando la profunda meditación en la que todos estaban sumidos.
– Le está yendo, más bien, Experiencia. – Resolución miraba con postura erguida la escena, haciendo ver que sujetaba su mentón con la mano derecha.
Ambos se encontraban en el ático de un edificio cuya terraza hacía un tiempo había estado ocupada ocasionalmente por la misma esencia del joven del que hablaban.
Tiempo había pasado desde que se vieron por última vez, y eso representaba siempre un incierto punto que en ocasiones apuntaba a lo mejor y otras, en cambio, a lo opuesto.

La noche se mostraba cerrada sin luna y sin estrellas en aquel encuentro, aunque la falta de visibilidad no ocultaba la nítida gran negra sombra que, a sus espaldas, les observaba impávida sin moverse ápice alguno.
– Mírala, apenas cabe en el interior de esa habitación.
– Es muy grande ya, hay que estar alerta, se trata claramente de un punto de inflexión en la vida del chico. – Apuntó Experiencia.
– ¿Alguien sabe si ha tomado bien la medicación? – La voz de Resolución denotaba prisa militar.
En ese momento el sonido del encenderse de una cerilla precedió a un murmullo de asentimiento femenino. Al girarse, Experiencia y Resolución vieron a una mujer con vestido largo negro y un sombrero con velo, que había apartado para fumarse su cigarrillo, dirigirse a ellos alzando su brazo con un elegante movimiento.

Era la primera vez que veían a Sinceridad, que se mostró en su presentación con una seguridad en sí misma que impresionó incluso a Resolución.
– No hay duda, el chico la ha tomado. – Experiencia se adelantó en ese instante a Sinceridad, que corroboró sus palabras asintiendo con la cabeza.
– ¿Entonces por qué no puede dormir? – Los tres quedaron quietos en sus respectivas posiciones, muy atentos a cada movimiento, a cada muestra de terror de una persona que se agitaba entre momentáneas cabezadas de pocos minutos, amparada bajo la presencia de algo oscuro muy parecido a lo que Experiencia, Resolución y Sinceridad tenían detrás con enfermizo tamaño.

Cuando el muchacho quedó dormido y comenzó a tratar de exclamar sin más resultado que dar una clara demostración de su desesperación y sufrimiento, en el ático algo ocurrió. Algo sin precedentes. Resolución se dio la vuelta y a grandes zancadas se plantó frente a una sombra que parecía agitarse como tratando de engullirlo a él y a sus acompañantes.
– ¿Qué está ocurriendo ahí? – La voz de Resolución no tembló.
Una voz grave, casi de ultratumba y sobrenatural, pronunció unas palabras dando a entender que estaba protegiendo al joven de algo mucho peor.
Resolución no paró ahí, pero cuando quiso hablar, la mano de Experiencia en su hombro le interrumpió.
– No siempre el sufrimiento sin medida bloquea a los terrores más profundos. Él ya ha pasado por ambos, y sabemos que puede emerger de ellos sin protección alguna.
De la sombra, cuyo tamaño desde que se habían plantado frente a ella había disminuido, bailoteó fantasmagóricamente al tiempo que lejos de ahí, en una solitaria habitación, el sonido ya audible de un grito callado con tintes de gemido se hizo escuchar.
– ¿Hay algo de sobrenatural en todo esto, Sinceridad? – Resolución se mostraba nervioso por vez primera.
– No puedo discernirlo, pero se que esta sombra miente acerca de su identidad. Sabe que no es quien custodia el campo onírico de esa persona.
En ese momento ocurrió lo inusual.
Sombra, por vez primera tuvo nombre.
– Sombra, tú provocas esos sueños, ¿No es cierto? – Mientras Rectitud bajaba de uno de los elevados bordes que limitaban la terraza con la larga caída a la calle dirigiéndose con la mirada fija y media sonrisa en boca hacia una sombra que cada vez tomaba más forma corpórea, Rectitud dejó en el aire su pregunta.

Tras rodearla entre todos, Sombra confesó lo que el chico estaba viendo en sueños.
Se trataba de la habitación de casa de sus padres fusionada con la habitación en la que se encontraba.
El muchacho sabía, era consciente, de esa imposibilidad y quería escapar del sueño forzándose a despertar con gritos desesperados, pero lo único que conseguía era viajar entre espacios diferentes conectados a la perfección, en una trampa que le mantenía sin respuesta alguna en su cuerpo a los movimientos que ordenaba, ni tampoco a los intentos de hacer sonar su voz.
En su habitación encontraba la tortura terrorífica a la que había sido sometido antes de caer dormido, y en la otra sabía que solo había más y más sueños, más y más desesperación.
No obstante lograba moverse un poco en la zona onírica, de modo que siguió a su pareja hacia una terraza interior donde, tras discutir y bromear sabiendo que aquello no estaba ocurriendo, ella lo arrastró hacia una caída mortal.
Cuando miró al suelo, en el ático Sombra estaba acorralada.

– ¡Haz que se despierte ya!
Resolución zarandeaba lo poco que quedaba de la sombra que habían intuido Experiencia y él justo cuando la conversación tenía comienzo.
Pero el chico volvía a estar, por enésima vez, observando las dos habitaciones a las que parecía superponerse una tercera.
– Sombra nunca cede... – Experiencia mostraba los labios apretados denotando su cabreo.
Rectitud levantó sus dedos en ese momento.
Todos le miraron.
Perdió su mirada en la negra Sombra y chasqueó una vez.
Una habitación desapareció.
Chasqueó de nuevo.

El chico, de un bote que lo mandó al comedor a toda prisa, despertó.
Eran casi las cuatro de la madrugada y la tortura había durado unas tres horas.
Recordó como una parte de él había logrado aterrizar en su sueño, y quedó sentado, sumamente concentrado, aguardando el amanecer.
En el ático Sombra había desaparecido al tiempo que el sol comenzaba a asomar fundiendo en furiosos anaranjados las nubes que decoraban los cielos aquí y allá.
– ¿Cómo sabes que está en el buen camino? No es nuestra primera batalla en este campo. – Preguntó Resolución.
– Monstruo ha desaparecido de golpe. Y él ha logrado despertar asumiendo aquello que será su talismán de ahora en adelante.
Experiencia miró a resolución, mientras una niña y una elegante mujer de repente aparecieron dando un paseo por la solitaria calle. Sonreía mientras proseguía..
– Cuando nadie puede ayudar, es cuando más ayuda necesita él. Sin embargo, esta vez, ha mirado a Sombra a los ojos. Solo, sin nadie a su lado.
Rectitud asintió exhausto mientras los tres contemplaron como el sol bañaba las inexistentes calles de un pasado que simbolizaba el punto de encuentro ideal para dialogar con calma todos y cada uno de los días.
Pero, sobretodo, todas y cada una de las noches.


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viernes, 17 de julio de 2015

Descarga de relatos para varios e-reader

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¡Un saludo!

miércoles, 8 de julio de 2015

El Nexo: Capítulo 1.11



11

Apoyado contra una pared, cerca del calor de una hoguera que se consumía, un bastón de ocho emblemas parecía alzarse vigoroso allí donde el resto de objetos ya dormían.
Vulcany descansaba tras una más de sus largas jornadas de trabajo en los diferentes bosques arrasados, y el crepitar de la hoguera proveniente del piso inferior hacía las veces de relajante ambiente que favorecía el reposo del mago.
En ocasiones fruncía el ceño y se movía, incluso pretendiendo abrir la boca para exclamar algo.
Sin embargo la oscuridad atacaba con mayor intensidad cerca del alba, momento en el cual sus sueños se tornaban más tortuosos y complejos, y en ocasiones hasta le parecía al joven mago de aspecto anciano que se mezclaban macabra y deliciosamente con la propia realidad, privándole de escapatoria.

Aunque en ese momento no era así.
Aura lanzaba pequeños y grandes círculos alrededor de la base del bastón, cuya robusta manera parecía emanar un tono violeta ante la mágica luz desprendida por el hada.
En su cúspide, ocho emblemas de marfil coronaban el bastón, culminando así su belleza perenne.
Primero el de la cabeza de lobo, que permitía a Vulcany comunicarse con las distintas especies.
Segundo el emblema de protección, que perfeccionaba el hechizo de invisibilidad hasta forjar un campo en el que nada indeseable pudiese penetrar.
Luego el de la rama tétrica, con el que se podía transformar todo un bosque como Ymka había hecho con su hogar, e incluso obtener copias de uno mismo con variopinto uso.
Frío y fuego, uno al lado del otro, para ser usados a pequeña o gran escala.
Un hada, preciosa y delicada, que emanaba luz blanca.
La figura de un águila, que otorgaba la capacidad de levitar, volar incluso con el poder suficiente, a su poseedor.
Finalmente el emblema que más valor tenía para Vulcany, más aún ahora que se encontraba sumido en la labor que le ocupaba. Se trataba de un simple pétalo, situado en el extremo más alto del bastón, que permitía al mago dotar de vida al bosque con mayor celeridad que la del propio curso natural.

Ocho emblemas, recopilados con prisa dada la amenaza que suponía la cercanía de las hordas de condenados, y que suponían una importante carga de responsabilidad para Vulcany, que había visto que desatando su furia y perdiendo el control dicho poder podía alcanzar unas cotas de destrucción incontrolables.
Aura danzaba y danzaba, alrededor del bastón y aproximándose a la hoguera.
Su intención era proteger al mago de unas terribles pesadillas que ella sí intuía, logrando con creces su cometido.
La mágica luz violeta que cubría como una fina niebla el piso inferior de la cabaña de Vulcany era claramente contraria a la energía negativa de lo que Ymka había catalogado como lo Oscuro.

Desde el exterior, una bella noche iluminada por una gran luna mostraba, frente a la entrada de un frondoso bosque mágico, una cabaña que emanaba por todas y cada una de sus rendijas un juego de luces donde en ocasiones tomaba más intensidad el naranja del fuego de la hoguera, otras la luz blanca que emanaba el bastón cuando Aura casi acariciaba los ocho emblemas de marfil, y por último un extraño violeta que, sin duda, fortalecía la paz en el reposo de un mago que, con la primera luz de la mañana, habría de lanzarse de nuevo a la reconstrucción de los bosques.

No obstante, antes de llegar la hora donde lo Oscuro parecía poseer la mente del mago, en ocasiones Aura volaba hacia su lecho contemplándole tiritar presas de un gran frío o sudar de un modo infernal.
Los emblemas del frío y del fuego, para cuya obtención Vulcany tuvo que enfrentarse semidesnudo a una tormenta de hielo ante la cual no tenía el poder suficiente como para hacer durar toda la misión de búsqueda su hechizo de cobijo, causaban mella en el interior del mago.
Demasiados acontecimientos en muy poco tiempo.
En cualquier caso Vulcany ya no podía abandonar.
Y no estaba solo. Con Rahn durmiendo afuera, Aura velando por sus sueños, la elfa encantada con su labor y ese impresionante bastón de ocho emblemas, el mago habría de recuperarse ante unos acontecimientos que ni él mismo podía imaginar.
El crepitar de la hoguera fue menguando, la luz desvaneciéndose, y en algún punto de la noche lo único que acompañaba ya a los suaves ronquidos del mago era el sonido de una naturaleza que le daba las gracias por todo cuanto estaba haciendo por ella.


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martes, 7 de julio de 2015

El Nexo: Capítulo 1


Atisbado en el horizonte



Mientras el sol se impone en lo alto castigando a propios y extraños,
Ahí donde nada parece sonreír a un destino condenado,
Pierdes tu vista exhausto en algún punto más allá.
No ves vida ni felicidad, puesto que el futuro es incierto,
Sin embargo una mujer se pasea entre hojas que caen a sus pies.

La realidad, cruel y dura, se asa lentamente en un verano interminable, 
No obstante, ¿Qué es aquello que logras atisbar?
Acaricias las hojas caídas, ásperas a tu tacto,
Y tu corazón se enciende clamando por aquellos atardeceres,
Donde el sol no quema, ni las lágrimas parecen evaporarse.

¿Qué es eso que tanto te emociona, muchacho?
Es la posibilidad de alcanzar una nueva masacre en el ciclo sin final,
La irresistible visión de sentir caer sobre ti la vida, 
Hasta algún día poder alcanzar el frío invernal,
A una temperatura atisbada en el horizonte.

¿Qué es eso que tanto deseas, muchacho?
Deseo dejar languidecer un cuerpo que requiere reposo,
En un tiempo cuyo calor no da tregua,
Noches infernales mezcladas con días de tortura, 
Deseando un final, ansiando un desenlace.

He visto hojas anaranjadas caer,
Y me he enamorado de nuevo de la vida,
Ahí donde todo parece retirarse algo se viene arriba,
Una energía sin límites que se alimenta de lo hostil,
Una visión atisbada en el horizonte.

Un sueño melancólico


Un sueño melancólico:

Tema de Pink Mountaintops, que abraza tu interior hasta golpear tu corazón desesperado con tal que vuelva a latir.

domingo, 21 de junio de 2015

El coleccionista de sueños

PRÓLOGO


Caminaba desde hacía un rato indefinido.
No se sentía cansado, y lo cierto es que la espesa niebla que inundaba el oscuro bosque por el que caminaba no le producía un temor especial.
Tan solo la sensación de estar desubicado, muy lejos de un lugar que no recordaba pero que le resultaba mucho más seguro de algún modo, asaltaba su interior una y otra vez.
Pensaba mientras daba tímidos pasos en una y otra dirección en dar con la salida, no del bosque, sino de la situación en la que se encontraba.
Y es que le asaltaba una profunda vergüenza que no hizo más que acrecentarse cuando, observando su cuerpo de niño, lo vio totalmente desnudo.

Era extraño, no sentía ningún dolor al pisar las ramas que había en el suelo, ni era lo que podría decirse realmente consciente de todo cuanto le rodeaba.
Pero su mente se encontraba despierta, sumamente alerta ante cualquier sonido que el bosque sumido en una negra noche pudiese reportarle.
Pero el silencio reinaba el lugar, un silencio que hacía que creciese lentamente la inquietud del niño.
Más pasos. 
Uno tras otro, sin llevarle a ninguna parte pero avanzando sin cesar. Ningún lugar conocido, ninguna pista de que hubiese pasado con anterioridad por allí. Un bosque que se le antojaba infinito y en donde el tiempo parecía permanecer detenido.

De pronto un súbito escalofrío recorrió la espalda del chico, que pareció detectar por el rabillo del ojo un pequeño claro en la espesura del bosque.
Un claro lo suficientemente iluminado como para contener en su interior algo más negro aún que aquella noche, algo que hizo que el chico se dirigiese, ya con ritmo más acelerado, lejos de esa zona.
Había obtenido un punto de orientación tras aquella visión. Lejos de querer comprobar si lo que había visto era real, su intención pasó a ser caminar lo necesario, sin objetivo alguno más que permanecer alejado del claro.
Sin embargo, era inútil.
Por mucho que caminase, una vez a la izquierda, otra a la derecha, en ocasiones de frente a lo lejos le parecía ver el lugar que contenía aquello a lo que el niño no quería en ningún caso contemplar.
Giraba sobre sí mismo una y otra vez para esquivarlo, hasta que el cosquilleo en la espalda pasó a sus piernas deteniendo su paso, erizando el cabello de sus brazos y haciéndole agachar la cabeza.

Era como si aquel lugar cobrase vida propia hasta atraparlo en su interior.
Un rumor se había ido haciendo más y más audible desde que el chico se había inquietado por vez primera.
Algo como un grave, muy grave gemido que a medida que ganó intensidad se fue acompañando de un movimiento en la mismísima tierra que el niño pisaba.
En ese momento sabía que todo estaba vibrando a su alrededor, y mientras el terrorífico sonido se había tornado en algo prácticamente ensordecedor, el chico ni gritó ni huyó, sino que le embaucó una vergüenza mayor que la que recordaba en todo su trayectoria por el bosque.
Alzó la vista, sintiendo como se le encogía el corazón.

Una inmensa sombra, cinco veces más alta que él, se encontraba apenas unos pasos enfrente, quieta, claramente artífice de los temblores y el grave gemido que tanto inquietaban al chico.
Cesaron cuando el niño alzó la vista, para poder perder su mirada en aquella negra textura.
El niño se orinaba encima mientras se mantenía recto, respirando aceleradamente.
Finalmente dio un pasó al que le siguió otro.
Entró en la oscuridad mientras sentía que un abrazo cubría todo su cuerpo.
Una voz de ultratumba invadió sus oídos.
— Siempre estaré contigo.


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