viernes, 17 de julio de 2015

Descarga de relatos para varios e-reader

Bienvenidos a la sección de descarga de relatos del País de Nunca Jamás.

Básicamente se trata de rellenar el siguiente formulario y en poco tiempo me pondré en contacto con quien esté interesado enviándole el archivo deseado.



¡Un saludo!

miércoles, 8 de julio de 2015

El Nexo: Capítulo 1.11



11

Apoyado contra una pared, cerca del calor de una hoguera que se consumía, un bastón de ocho emblemas parecía alzarse vigoroso allí donde el resto de objetos ya dormían.
Vulcany descansaba tras una más de sus largas jornadas de trabajo en los diferentes bosques arrasados, y el crepitar de la hoguera proveniente del piso inferior hacía las veces de relajante ambiente que favorecía el reposo del mago.
En ocasiones fruncía el ceño y se movía, incluso pretendiendo abrir la boca para exclamar algo.
Sin embargo la oscuridad atacaba con mayor intensidad cerca del alba, momento en el cual sus sueños se tornaban más tortuosos y complejos, y en ocasiones hasta le parecía al joven mago de aspecto anciano que se mezclaban macabra y deliciosamente con la propia realidad, privándole de escapatoria.

Aunque en ese momento no era así.
Aura lanzaba pequeños y grandes círculos alrededor de la base del bastón, cuya robusta manera parecía emanar un tono violeta ante la mágica luz desprendida por el hada.
En su cúspide, ocho emblemas de marfil coronaban el bastón, culminando así su belleza perenne.
Primero el de la cabeza de lobo, que permitía a Vulcany comunicarse con las distintas especies.
Segundo el emblema de protección, que perfeccionaba el hechizo de invisibilidad hasta forjar un campo en el que nada indeseable pudiese penetrar.
Luego el de la rama tétrica, con el que se podía transformar todo un bosque como Ymka había hecho con su hogar, e incluso obtener copias de uno mismo con variopinto uso.
Frío y fuego, uno al lado del otro, para ser usados a pequeña o gran escala.
Un hada, preciosa y delicada, que emanaba luz blanca.
La figura de un águila, que otorgaba la capacidad de levitar, volar incluso con el poder suficiente, a su poseedor.
Finalmente el emblema que más valor tenía para Vulcany, más aún ahora que se encontraba sumido en la labor que le ocupaba. Se trataba de un simple pétalo, situado en el extremo más alto del bastón, que permitía al mago dotar de vida al bosque con mayor celeridad que la del propio curso natural.

Ocho emblemas, recopilados con prisa dada la amenaza que suponía la cercanía de las hordas de condenados, y que suponían una importante carga de responsabilidad para Vulcany, que había visto que desatando su furia y perdiendo el control dicho poder podía alcanzar unas cotas de destrucción incontrolables.
Aura danzaba y danzaba, alrededor del bastón y aproximándose a la hoguera.
Su intención era proteger al mago de unas terribles pesadillas que ella sí intuía, logrando con creces su cometido.
La mágica luz violeta que cubría como una fina niebla el piso inferior de la cabaña de Vulcany era claramente contraria a la energía negativa de lo que Ymka había catalogado como lo Oscuro.

Desde el exterior, una bella noche iluminada por una gran luna mostraba, frente a la entrada de un frondoso bosque mágico, una cabaña que emanaba por todas y cada una de sus rendijas un juego de luces donde en ocasiones tomaba más intensidad el naranja del fuego de la hoguera, otras la luz blanca que emanaba el bastón cuando Aura casi acariciaba los ocho emblemas de marfil, y por último un extraño violeta que, sin duda, fortalecía la paz en el reposo de un mago que, con la primera luz de la mañana, habría de lanzarse de nuevo a la reconstrucción de los bosques.

No obstante, antes de llegar la hora donde lo Oscuro parecía poseer la mente del mago, en ocasiones Aura volaba hacia su lecho contemplándole tiritar presas de un gran frío o sudar de un modo infernal.
Los emblemas del frío y del fuego, para cuya obtención Vulcany tuvo que enfrentarse semidesnudo a una tormenta de hielo ante la cual no tenía el poder suficiente como para hacer durar toda la misión de búsqueda su hechizo de cobijo, causaban mella en el interior del mago.
Demasiados acontecimientos en muy poco tiempo.
En cualquier caso Vulcany ya no podía abandonar.
Y no estaba solo. Con Rahn durmiendo afuera, Aura velando por sus sueños, la elfa encantada con su labor y ese impresionante bastón de ocho emblemas, el mago habría de recuperarse ante unos acontecimientos que ni él mismo podía imaginar.
El crepitar de la hoguera fue menguando, la luz desvaneciéndose, y en algún punto de la noche lo único que acompañaba ya a los suaves ronquidos del mago era el sonido de una naturaleza que le daba las gracias por todo cuanto estaba haciendo por ella.


Para leer el capítulo 2 clicka aquí

Para leer el capítulo 1 clicka aquí

martes, 7 de julio de 2015

El Nexo: Capítulo 1


Atisbado en el horizonte



Mientras el sol se impone en lo alto castigando a propios y extraños,
Ahí donde nada parece sonreír a un destino condenado,
Pierdes tu vista exhausto en algún punto más allá.
No ves vida ni felicidad, puesto que el futuro es incierto,
Sin embargo una mujer se pasea entre hojas que caen a sus pies.

La realidad, cruel y dura, se asa lentamente en un verano interminable, 
No obstante, ¿Qué es aquello que logras atisbar?
Acaricias las hojas caídas, ásperas a tu tacto,
Y tu corazón se enciende clamando por aquellos atardeceres,
Donde el sol no quema, ni las lágrimas parecen evaporarse.

¿Qué es eso que tanto te emociona, muchacho?
Es la posibilidad de alcanzar una nueva masacre en el ciclo sin final,
La irresistible visión de sentir caer sobre ti la vida, 
Hasta algún día poder alcanzar el frío invernal,
A una temperatura atisbada en el horizonte.

¿Qué es eso que tanto deseas, muchacho?
Deseo dejar languidecer un cuerpo que requiere reposo,
En un tiempo cuyo calor no da tregua,
Noches infernales mezcladas con días de tortura, 
Deseando un final, ansiando un desenlace.

He visto hojas anaranjadas caer,
Y me he enamorado de nuevo de la vida,
Ahí donde todo parece retirarse algo se viene arriba,
Una energía sin límites que se alimenta de lo hostil,
Una visión atisbada en el horizonte.

Un sueño melancólico


Un sueño melancólico:

Tema de Pink Mountaintops, que abraza tu interior hasta golpear tu corazón desesperado con tal que vuelva a latir.

domingo, 21 de junio de 2015

El coleccionista de sueños

PRÓLOGO


Caminaba desde hacía un rato indefinido.
No se sentía cansado, y lo cierto es que la espesa niebla que inundaba el oscuro bosque por el que caminaba no le producía un temor especial.
Tan solo la sensación de estar desubicado, muy lejos de un lugar que no recordaba pero que le resultaba mucho más seguro de algún modo, asaltaba su interior una y otra vez.
Pensaba mientras daba tímidos pasos en una y otra dirección en dar con la salida, no del bosque, sino de la situación en la que se encontraba.
Y es que le asaltaba una profunda vergüenza que no hizo más que acrecentarse cuando, observando su cuerpo de niño, lo vio totalmente desnudo.

Era extraño, no sentía ningún dolor al pisar las ramas que había en el suelo, ni era lo que podría decirse realmente consciente de todo cuanto le rodeaba.
Pero su mente se encontraba despierta, sumamente alerta ante cualquier sonido que el bosque sumido en una negra noche pudiese reportarle.
Pero el silencio reinaba el lugar, un silencio que hacía que creciese lentamente la inquietud del niño.
Más pasos. 
Uno tras otro, sin llevarle a ninguna parte pero avanzando sin cesar. Ningún lugar conocido, ninguna pista de que hubiese pasado con anterioridad por allí. Un bosque que se le antojaba infinito y en donde el tiempo parecía permanecer detenido.

De pronto un súbito escalofrío recorrió la espalda del chico, que pareció detectar por el rabillo del ojo un pequeño claro en la espesura del bosque.
Un claro lo suficientemente iluminado como para contener en su interior algo más negro aún que aquella noche, algo que hizo que el chico se dirigiese, ya con ritmo más acelerado, lejos de esa zona.
Había obtenido un punto de orientación tras aquella visión. Lejos de querer comprobar si lo que había visto era real, su intención pasó a ser caminar lo necesario, sin objetivo alguno más que permanecer alejado del claro.
Sin embargo, era inútil.
Por mucho que caminase, una vez a la izquierda, otra a la derecha, en ocasiones de frente a lo lejos le parecía ver el lugar que contenía aquello a lo que el niño no quería en ningún caso contemplar.
Giraba sobre sí mismo una y otra vez para esquivarlo, hasta que el cosquilleo en la espalda pasó a sus piernas deteniendo su paso, erizando el cabello de sus brazos y haciéndole agachar la cabeza.

Era como si aquel lugar cobrase vida propia hasta atraparlo en su interior.
Un rumor se había ido haciendo más y más audible desde que el chico se había inquietado por vez primera.
Algo como un grave, muy grave gemido que a medida que ganó intensidad se fue acompañando de un movimiento en la mismísima tierra que el niño pisaba.
En ese momento sabía que todo estaba vibrando a su alrededor, y mientras el terrorífico sonido se había tornado en algo prácticamente ensordecedor, el chico ni gritó ni huyó, sino que le embaucó una vergüenza mayor que la que recordaba en todo su trayectoria por el bosque.
Alzó la vista, sintiendo como se le encogía el corazón.

Una inmensa sombra, cinco veces más alta que él, se encontraba apenas unos pasos enfrente, quieta, claramente artífice de los temblores y el grave gemido que tanto inquietaban al chico.
Cesaron cuando el niño alzó la vista, para poder perder su mirada en aquella negra textura.
El niño se orinaba encima mientras se mantenía recto, respirando aceleradamente.
Finalmente dio un pasó al que le siguió otro.
Entró en la oscuridad mientras sentía que un abrazo cubría todo su cuerpo.
Una voz de ultratumba invadió sus oídos.
— Siempre estaré contigo.


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martes, 26 de mayo de 2015

Identidad



Estoy aquí, frente al papel, para contarles una historia que me ha sobrecogido dada la rareza de su evolución.
Trata sobre la culminación de un individuo obcecado en hundir su futuro de tal acto.
Perdido en laberínticos escritos, esa persona bebía demasiado tratando de ahondar en algo que estaba convencido que contenía el secreto a su enfermedad crónica.
Una enfermedad mental de la que deseaba escapar pero que al mismo tiempo lo acechaba cada vez más dado el círculo vicioso en el que él se encontraba.
Investigando los recovecos de un pasado alterado por su imaginativa memoria, creía edificar los cimientos de su hipotética mejoría mientras su vida pasaba con más pena que gloria, con más dolor para él y los suyos que el que jamás hubiesen imaginado.
Ese individuo, ciego a lo que ocurría en realidad, se encontraba irremisiblemente al borde de la perdición.
Yo lo conocí mucho tiempo atrás, cuando era un joven con un inmenso optimismo cargado de ignorancia.

Ahora es alguien diferente, cruzadas casi todas las líneas con las que su vida le ponía a prueba una y otra vez, y que nunca creí que acabaría rebasando.
Alterna una vida sedentaria donde todo carece de significado para él con grandes consumos de alcohol que destruyen lo poco que queda ya de todo cuanto consiguió a lo largo de su vida.
Parece mentira que apenas poco más de un año antes, en la cima de su delirio, conquistase su objetivo más preciado según él decía.
Una idea cuyo objetivo era ordenar las piezas de un puzle que, desde mi punto de vista, solo se debían a un choque continuo entre el deber y el libre albedrío en una balanza demasiado inclinada con el paso del tiempo hacia el segundo punto.
Una idea que creció transformándose en algo cada vez más psicótico a medida que incluía en el esqueleto mental de la obra datos como su irrompible conexión con el secreto de la creación y la muerte de su propio universo.
Una idea que, desarrollada, le permitía erigirse como el diseñador de un nuevo mundo para todo el planeta.
Por aquel entonces dicho individuo no bebía alcohol, y es que cuando entraba en dichas fases donde el raciocinio y la locura comenzaban a darse la mano, su mente se aceleraba omitiendo la misma realidad que sus ojos veían, y solo sentía prisa, una prisa urgente por acabar con su obra y liberarse de las ataduras no solo de su enfermedad, sino de los enigmas asociados a toda vida, incluso a toda existencia.
Asombrado asistí a la escritura de una obra donde toda una vida de desequilibrio quedaba para él atada a un riguroso plan del cual salía reforzado en casi todos los aspectos de los que en realidad mostraba evidentes carencias.
La seguridad sería un buen ejemplo.

Pagó un alto precio que le marcó para siempre por aquello.
Una prisión fue reduciendo a cenizas su trabajo, mientras al mismo tiempo que comenzaba a abrir los ojos ante las numerosas y lamentables acciones que había perpetrado durante su vida, los cerraba con tanto alcohol como fuese necesario para seguir adelante dando un paso y retrocediendo tres.
Ahora lo miro y me alarmo de lo cerca que está del barranco. De lo ciego que se muestra a él, mientras el fuego y el veneno que manan de su boca agravan la carga de cadenas con las que a buen seguro caerá al vacío.

Es en ese momento cuando me doy cuenta de que ese individuo soy yo.
Como una mente invisible, me siento de repente dentro de alguien con el que no me identifico.

Y lo primero que me pregunto es… ¿Quién soy?