martes, 23 de diciembre de 2014

Premio Liebster x2



Tulkas Hammer Pain y su épico blog me han concedido por segunda vez este premio, por lo cual estoy muy agradecido.

Paso a nominar a otros fantásticos quince blogs y responder a algunas preguntas para así recoger el premio.


Federico Rivolta relatosfr.blogspot.com/
Isabel P. Salas isabelpsalas.blogspot.com
Diana Pinedo Ortega http://grafema11.blogspot.mx/

1.- ¿Libro favorito? Hacedor de estrellas.
2.- ¿Qué libro llevarías a una isla? Fundación.
3.- ¿Adaptación cinematográfica preferida? 300.
4.- Describe tu blog con tres palabras. Tinta, carboncillo, música.
5.- ¿Qué personaje literario te gustaría ser? Lord Eddard Stark.
6.- ¿Qué autor es de tu preferencia? Isaac Asimov.
7.- ¿Has conocido a algún autor? Ibañez en un salón del cómic.
8.- ¿Película favorita? Kamikaze.
9.- ¿Tu música preferida? ¡De todo!
10.- ¿Tu ideal de un día perfecto? Lluvia y viento. Y ella <3
11.- ¿Un lugar que quisieras conocer? Nueva Zelanda.

Eso es todo. 
¡Felicidades a los nominados!

Premio Best Blog


¡Saludos!

Gentileza de Tulkas Hammer Pain y su excelente blog recojo este premio.

Paso a recomendar quince magníficos lugares y responder a algunas preguntas...

Federico Rivolta relatosfr.blogspot.com/
Isabel P. Salas isabelpsalas.blogspot.com
Diana Pinedo Ortega http://grafema11.blogspot.mx/

1.- ¿Libro favorito? Hacedor de estrellas.
2.- ¿Qué libro llevarías a una isla? Fundación.
3.- ¿Adaptación cinematográfica preferida? 300.
4.- Describe tu blog con tres palabras. Tinta, carboncillo, música.
5.- ¿Qué personaje literario te gustaría ser? Lord Eddard Stark.
6.- ¿Qué autor es de tu preferencia? Isaac Asimov.
7.- ¿Has conocido a algún autor? Ibañez en un salón del cómic.
8.- ¿Película favorita? Kamikaze.
9.- ¿Tu música preferida? ¡De todo!
10.- ¿Tu ideal de un día perfecto? Lluvia y viento. Y ella <3
11.- ¿Un lugar que quisieras conocer? Nueva Zelanda.

Eso es todo. 
¡Felicidades a los nominados!

lunes, 22 de diciembre de 2014

Mago: Noche



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Mago: Fauna



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Mago: Bastón

Imagen alojada en:

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El viejo Vulcany apartaba de modo quejumbroso las ramas que salían a su paso en el mismo centro de la espesura del bosque.
Había pasado buena parte de su vida viviendo como ermitaño en esas tierras y curiosamente apenas podía afirmar conocer la mitad de ese territorio. Ahora vagaba sin rumbo en busca de una respuesta al mal que lo acechaba. Pues estaba muy enfermo.

La tos de Vulcany se intercalaba con una dificultosa respiración de muy mal aspecto. Toda una vida al servicio de la naturaleza había instaurado en el interior del anciano la certeza de que, de algún modo, el bosque le protegía. Por eso cuando esa mañana había deducido que no pasaría de ese día, se atavió con su túnica marrón y su sombrero para aventurarse al desconocido interior del bosque en busca de una resolución. Un milagro o una condena.

Su largo pelaje que se confundía con una poblada barba, grisácea y descuidada, caía sobre su mirada confundiendo un paisaje que ya se difuminaba dado su lamentable estado de salud. Le fallaban las fuerzas cuando, de pronto, vio una luz cerca de él. Una pequeña luz que se movía en espirales y emanaba más colores de los que jamás pudo imaginar Vulcany.
Sin dudarlo, hizo uso de sus últimas fuerzas para seguirla.
No obstante, al llegar a un claro cercano a un bello riachuelo, la luz se desvaneció. Más bien tocó tierra difuminándose.
Suspirando, Vulcany se sentó en un gran pedrusco humedecido por las cristalinas aguas perdiendo la vista en la zona donde la luz había cesado su espectáculo. Fue entonces cuando lo vio.

En esos bosques no era raro encontrar todo tipo de caprichos de la naturaleza, pero el viejo nunca había dado con nada parecido a lo que tenía justamente ante sí. Se trataba de un bastón perfectamente tallado. La belleza de su cálida madera, coronada en uno de los extremos por una bella figura semejante a un lobo, lo dejó como hipnotizado. Era imposible que el azar hubiese producido semejante pieza, pensó.
Emitiendo un sonoro quejido, se incorporó y cogió el bastón.

Nunca se había sentido más joven. De pronto comenzó a respirar a las mil maravillas y sin dudarlo llenó sus pulmones y los vació varias veces gratamente sorprendido por el alivio. Sintió como sus músculos se fortalecían y un magnífico vigor le inundaba por dentro. No dudó en acercarse al río para contemplar su reflejo, sorprendiéndose no por sus facciones, idénticas a las de esa misma mañana, sino porqué el pico caído de su sombrero se encontraba ahora erguido y su pelaje se había tornado mucho más canoso, prácticamente blanco.

– Anciano, ¿Cómo te llamas? – La voz provenía de todas partes, era como si el mismo bosque le estuviese hablando.
– Mi nombre es Vulcany. – Respondió el anciano apoyándose en su bastón.
– Este regalo lleva asociada una larga vida, Vulcany. Serás mi protector. El protector de los bosques. No me ha pasado desapercibida la vida que me has regalado, por lo cual te otorgo el bastón del mago. – Vulcany frunció el ceño al escuchar esas palabras.
– ¿El bastón del mago? – Tanteó en busca de una explicación, pero no hubo respuesta.

El silencio reinó de nuevo el enigmático paraje, tan solo interrumpido por el bello sonido del riachuelo completando su recorrido eterno.
Vulcany miró el bastón, recordando la enigmática fuente de luz que lo había bañado minutos antes. Contemplando el grabado del lobo, escuchó un rugido cerca de él, acompañado del lento sonido de ramas aplastadas.
Poniéndose en guardia, clavó su vista en dirección al sonido, asistiendo petrificado a la visión de un enorme lobo negro mostrando sus temibles fauces acercándose muy lentamente hacia él.

Apenas le dio tiempo de reaccionar. El lobo saltó hacia su posición mostrando su mismísima garganta de lo mucho que abría la boca, clavando sus ojos rojos en la garganta de un asustado Vulcany.
Instintivamente, alzó el bastón y gritó.


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Un piano entre cadáveres



Un piano entre cadáveres:

Extractos musicales del film "La novia cadáver" de Tim Burton.
El dueto de piano en especial no tiene desperdicio.



domingo, 21 de diciembre de 2014

La musa en paraje hostil




Rehaciendo un territorio maltrecho en mi mente,
no puedo evitar sentir su desolación en mi corazón.
Me esfuerzo contracorriente en renovar su paisaje,
sus verdes bosques que lucen todo tipo de vegetación,
su clima que antaño era cálido...
Y hoy es frío, hostil y dolido en su interior.

Recorro mentalmente su maltrecha llanura,
exenta ya de vida por la época del incendio,
siendo inmune a la lluvia de la pena, al llanto de mi musa.
Cuánto costará restaurar mi ansiada vida,
cuánto más debo caminar para respirar ante una salida,
si los vientos me arrebatan la esperanza,
a cada una de sus acometidas.

Quiero vencer al fantasma de mi pasado,
necesito plantarle cara pero se muestra esquivo,
vive en el corazón enfermo de mi musa,
apagando la hoguera,
tornando sus llamas moribundas... Difusas.
Me pregunto dónde estará ella, qué sentirá ahora,
en el dulce reino desolado,
vive encarcelada mi musa.

Desterrada de mi abrazo,
lejana a mi calor,
solo me queda este juego,
esta vida que aprieta el gatillo constantemente,
sin poder ver que se trata de una ruleta rusa.

Descuidando la hoguera


Encerrado en una oscura cabaña apenas iluminada por alguna vela, un hombre fumaba su pipa inundando el ambiente de una espesa capa de humo.
La hoguera se había apagado hacía rato, quedando frías incluso las brasas de lo que antaño conformaba un espectáculo de fuego, luz y calor.
Frente a él, un tintero ya vacío, y un papel en blanco roído por los costados frente al cual el hombre permanecía en silencio, muy concentrado y sumido en sus pensamientos.

Fuera la noche cerrada daba paso a los primeros signos de un nuevo amanecer.
El frío era intenso en esa época del año, y pese a que al hombre eso le encantaba, apenas había recogido por el camino un puñado de leña para alimentar a su hoguera.
No era lo que le importaba.
Había acudido a la cabaña para reflexionar acerca de algo sumamente importante, algo que le cegaba el juicio hasta el punto de no caer en la cuenta de que las ramas húmedas que había recolectado no solo tardarían en arder, sino que se consumirían bien pronto.

Ahora tiritaba y chasqueaba sus dientes pluma en mano.
De pronto las lágrimas hicieron acto de presencia humedeciendo su mirada e, impasible, sintió como las primeras resbalaban por su rostro hasta caer en cascada al tintero vacío.
No se lo pensó, siéndole indiferente el hecho de que dado transparente tonalidad apenas dejarían rastro en el papel de cuanto quisiese plasmar, opinar o simplemente dejar ir.
Se incorporó de inmediato, aún con el rostro empapado y escribió.


Rehaciendo un territorio maltrecho en mi mente,
no puedo evitar sentir su desolación en mi corazón.
Me esfuerzo contracorriente en renovar su paisaje,
sus verdes bosques que lucen todo tipo de vegetación,
su clima que antaño era cálido...
Y hoy es frío, hostil y dolido en su interior.

Recorro mentalmente su maltrecha llanura,
exenta ya de vida por la época del incendio,
siendo inmune a la lluvia de la pena, al llanto de mi musa.
Cuánto costará restaurar mi ansiada vida,
cuánto más debo caminar para respirar ante una salida,
si los vientos me arrebatan la esperanza,
a cada una de sus acometidas.

Quiero vencer al fantasma de mi pasado,
necesito plantarle cara pero se muestra esquivo,
vive en el corazón enfermo de mi musa,
apagando la hoguera,
tornando sus llamas moribundas... Difusas.
Me pregunto dónde estará ella, qué sentirá ahora,
en el dulce reino desolado,
vive encarcelada mi musa.

Desterrada de mi abrazo,
lejana a mi calor,
solo me queda este juego,
esta vida que aprieta el gatillo constantemente,
sin poder ver que se trata de una ruleta rusa.


El hombre quiso entonces romper el papel, hacerlo trizas, pero en lugar de eso clavó sus codos a sus costados y sollozó amargamente hasta que no pudo más.
De pronto, el canto de un pájaro hizo que alzase la vista y mirase al exterior.
Era de día, ya había amanecido y cayó en la cuenta del frío intenso que hacía en el interior de la cabaña.

Pensó en mundos de fantasía sin fin que coloreaban experiencias pasadas lúgubres como una noche moribunda y sin vida. Pensó en cuanto había estado haciendo, y de inmediato se levantó de la mesa mirando por última vez sus palabras escritas con lágrimas, que ya se desvanecían sin dejar rastro.
Salió al exterior y sintió alivio al notar la luz del día bañando su rostro, mientras los primeros copos de nieve acariciaban sus mejillas.

Era Navidad, esa época en la que se dice que existe, si cabe, una esperanza y una ilusión mayores de las que se suelen lucir el resto del año.
Lo primero, pensó, era alimentar la hoguera. Ventilar la cabaña.
Su hogar era cosa suya y no necesitaba demasiado para poder estar a gusto.
El recuerdo de la musa perdida lo golpeó una vez más, pero era consciente de que ya no podía hacer nada más, no podía seguir descuidando lo más importante.
En el juego de la ruleta rusa no puedes agotar todos los disparos, y el hombre tenía la sensación de que había estado jugando con fuego mucho tiempo.

Mientras se dirigía hacia el bosque más cercano para coger un buen cargamento de leña, miró a su alrededor y vio como ese paisaje nevado era algo digno de volver a ser disfrutado una vez más.
Como siempre pensó, lo único que le faltaba era una buena y cálida luz de esperanza, tinta y papel.
Mundos de fantasía golpeaban su cabeza mientras nuevas experiencias se tejían en el horizonte del futuro.
Sonrió.
Era una combinación que sabía solo se producía muy de vez en cuando, siempre que la amenaza de una oscura sombra y la promesa de una cálida luz se aliaban para decorar un desolado paisaje que el hombre suspiraba por poder reconstruir.