viernes, 14 de octubre de 2016

The King in the North




The King in the North:

Tema realmente inspirador titulado 'Song of the north', de BrunuhVille y cantado por Sharm.





LETRA


A raven flies into the moonlight
The cold storm snow
He knows the message has to arrive
The kingdom will burn to the ground

The witches and demons have come to deny
The beauty and peace of our homeland
We know the message has to arrive and
The King of the North will rise


jueves, 6 de octubre de 2016

Día 14: Huevo (Starcraft)





El marine avanzaba cautelosamente por el sendero de tierra que se adentraba en la zona enemiga.
Algo sorprendido por la total ausencia de resistencia al grupo explorador que conformaban él y sus compañeros, comenzaban a escucharse algunas mofas por parte del resto de soldados.

– ¡Mearse en la colmena merece la pena! – Las risas tímidas dieron paso a sonoras carcajadas cuando Barry Thompson dejó escapar su ocurrencia.
Claymore, jefe de la unidad visiblemente exacerbado, trató haciendo una serie de aspavientos con sus brazos ocupados por su gran rifle que guardasen silencio.

No le gustaba tanta tranquilidad en el entorno.
Un pequeño montículo parecía delimitar el acceso a un páramo abierto en el terreno.
Cuando hubieron alcanzado el punto para contemplar el lugar, no fue necesario que Claymore ordenase silencio para que éste cayese como una tumba sobre la unidad.

Cientos, más bien miles, de huevos zerg se amontonaban por el terreno, abiertos y sospechosamente aún viscosos.

Unos minutos después algunos soldados comenzaban a desfallecer ante el ritmo con la que la unidad se batía en retirada hacia el campamento base.
Lo que a sus espaldas había comenzado como un lejano rumor se había tornado en un ruido ensordecedor.
Esos malnacidos les pisaban los talones.

Cuando Claymore, al ver la fortaleza a lo lejos, comunicó, vaciando sus pulmones voz en grito, que abriesen las puertas, no tuvo tiempo de contabilizar cuantos de sus compañeros habían quedado atrás.
Sólo se escuchaban gritos desgarradores, auténticos alaridos de dolor que se perdían en el torbellino de guturales sonidos de los incontables Zerglings.

Mientras los supervivientes vaciaban sus cargadores contra la plaga, valoró sintiendo un escalofrío las escasas posibilidades que la fortaleza tenía de resistir esa brutal ofensiva del enemigo.






martes, 27 de septiembre de 2016

Una despedida agitada




Las lágrimas caían por sus mejillas en un riego constante ahora que cierta relajación había llegado a ella desde que, unas horas antes, el ocaso había mecido con mimo el final del día.

Anna no acababa de ser consciente de que el entierro había sido de su hermano.
El cuerpo sin vida que se había grabado en su retina, aún morado por la cantidad de horas que había pasado en las invernales aguas del cabo, no acababa de asociarse a la idea de que la tenue luz amarilla de lo que había sido el hogar de Víctor ya no iba a iluminarle más.

Apuraba el tercer café de la madrugada.
Había decidido, en estado de shock, pasar la noche en la casa. Como despedida, pues el dolor de su pérdida era algo que debía esforzarse por dejar atrás.
El tic tac del reloj de su abuela marcaba el compás del hilo de sus pensamientos. Recordaba que Víctor no lo soportaba. 
Esbozó una sonrisa al llegar a su mente la imagen de su hermano enfurruñado, como tantas y tantas veces ocurría por una cosa u otra.
Lentamente, su divagar la condujo a multitud de recuerdos de infancia en los que la casa parecía cobrar vida brillando con luz propia, pues su familia había veraneado allí durante muchos años.

Hasta que el reloj sonó.
Como una grave y súbita colisión de campana, Anna fue arrancada de su ensimismamiento sintiendo como el corazón le pegaba un brinco.
No recordaba haber activado la gran estructura del reloj para que eso ocurriese.
Intrigada, se levantó quejumbrosamente del sofá, pues ya llevaba varias noches sin poder dormir. Acercándose al mecanismo, sin saber qué aconteció en primer lugar, un escalofrío recorrió toda su espalda cuando, mientras contemplaba como la palanca de las campanadas había sido empujada, una dulce y antigua melodía de cajita de música comenzó a sonar en algún lugar del piso de abajo de la casa.

Apretó los dientes y trató de tranquilizarse.
Inspiró y expiró, justo antes de armarse de valor y, habiendo desconectado el reloj, descender las escaleras de la casa para encontrarse frente al pasillo en penumbra que comunicaba con las habitaciones. Pues de allí venía el liviano sonido de la musiquita.
Sintiendo como el miedo atenazaba su cuerpo, haciendo pesadas sus piernas y adormilando la planta de sus pies, caminó hasta un interruptor que se le antojó muy lejano y encendió la luz.

Al entrar en el dormitorio de su hermano, la música dejó de escucharse.
Allí estaba, como siempre, cerrada en la mesita, la cajita de música.
Sintiendo como el escalofrío renovaba segundo a segundo su considerable intensidad, cayó en la cuenta de que las piernas le flojeaban tanto que le habían entrado ganas de orinar.
Encendiendo todas las luces de la planta baja, suspiró de alivio al comenzar a hacer pis en el lavabo de la entrada.
La puerta corredera permanecía cerrada mientras Anna posaba su vista sobre los diferentes rincones del servicio.
No obstante, una pequeña rendija permanecía abierta fruto del mal cierre.
Cuando su mirada fue a dar con ello, volvió a ponerse en guardia.
Se sentía, de algún modo, observada.
Y una extraña sombra parecía dibujarse al otro lado de la puerta.
Cuando hubo acabado sus necesidades, estiró su largo brazo resuelta a acabar con toda la tontería que le estaba pillando.
Pero lo que se escuchó fue su sonoro grito de pánico cuando, tras el brusco chasquear del cierre de la puerta al ser abierta de golpe, Anna contempló una translúcida figura mirándola fijamente, con los ojos muy abiertos, al otro lado.

Tan solo por un instante de hecho.
Pero lo suficientemente largo para ella como para que apenas unos segundos después, con el corazón acelerado golpeando con fuerza su pecho, se encontrase ya en el piso de arriba totalmente en guardia.

Entonces se escuchó la sonora pisada de un escalón.
De un segundo.
De un tercero y un cuarto, cada vez más cercanos.
Anna rompió a llorar tirándose a uno de los sofás, tapándose la cara con un cojín.
Cuando de repente sintió como algo acariciaba el contorno de su brazo, había sobrepasado tanto el terror que la atenazaba que apenas sintió nada.
Se quedó ahí, llorando, sintiendo las caricias casi en forma de abrazo, hasta que llegó la luz del alba.

– Ven conmigo. – Anna no necesito más palabras para reconocer la voz.
Apartando lentamente el cojín de su vista, contempló la abatida figura de su hermano, que sin embargo esbozaba una sonrisa de consuelo.

Antes de que el sol saliese, Anna caminó por las afueras que conformaban la zona costera donde se encontraba la casa. Lo hizo hasta llegar a la zona donde un búnker encumbraba un sinfín de acantilados que, esa mañana de invierno, presidían el violento chocar del oleaje del mar contra las rocas.

Hermana y hermano se quedaron mirando el horizonte, sintiendo el rozar de sus manos.
Entonces Víctor la miró con ternura.
Parecía despedirse, cuando de pronto comenzó un lento caminar.

Anna no le siguió.
Se quedó mirando sintiendo como el consuelo danzaba con toda la pena que aún albergaba su interior.
Cuando la figura de su hermano se precipitó por el acantilado más cercano, expiró sintiendo un último y trémulo escalofrío por todo su ser.

Ahora sí, sintió que se había ido del todo.

La casa quedó abandonada.
Anna no contó su experiencia, pero había sido la única que había necesitado de pasar un tiempo allí, estando como estaba todo tan impregnado por el día a día de su hermano.
Mientras el invierno avanzaba, acabó por llegar la fecha del cumpleaños de Víctor.
En la ciudad las caras tristes buscaban consuelo en las miradas de su familia. 

Durante cada hora, una campanada sonaba proveniente del gran reloj de la casa de playa.
Sin que nadie pudiese escucharla.

martes, 20 de septiembre de 2016

Regreso al País de Nunca Jamás




¡Hola niños perdidos, piratas y hadas!

El blog ha estado sin actualizaciones durante un tiempo, y eso se debe a que he estado de vacaciones en un mágico lugar del País de Nunca Jamás.

He preparado un pequeño montaje para que os podáis hacer una idea del nivel de inspiración que he acumulado para intentar que aquí no falten novedades en ninguna de las secciones durante un buen tiempo.







¿Que cómo se llega?
Pues igual que hasta aquí.
Volando desde la segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer ^^

martes, 6 de septiembre de 2016

Día 13: Comida (Streets of rage II)




Cuando un gordo ataviado con camiseta blanca ceñida y tirantes se acerca correteando hacia ti escupiendo una llamarada de un metro de su boca.
Cuando mujeres que hacen sonar sus tacones, esgrimiendo un látigo eléctrico contra ti.
Cuando indeseables de la calle se abalanzan sobre ti, armados con bates, cuchillos, tuberías y todo lo que el lugar aporte.
Cuando innumerables motocicletas hacen rugir sus motores antes de envestirte, desde las cuales vuelan granadas en un espectáculo ensordecedor del que debes salir a mamporro limpio.

Cuando todas esas circunstancias se dan, una detrás de otra, entonces la comida resulta más que bienvenida.
Axel Stone se encontraba frente a un pollo asado entero, de una pinta estupenda. Al pasar por encima de él, sintió como su energía se restauraba por completo.
Tuvo más que claro lo que debía hacer.
Se dirigió a donde Blaze, a la desesperada, trataba de liquidar a un kickboxer que se había aliado con varios ninjas. Acorralada, lanzaba ondas de energía, a punto de desfallecer.

Al pasar por su lado, Axel se agachó y lanzó un puñetazo que lamió con fuego el asfalto que precedía al grupo de enemigos.
Cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde. El puñetazo se fue elevando hasta lanzarlos a todos por los aires, abatiéndolos dado el castigo físico al que se habían visto expuestos en su intento de aniquilar a su bella y feroz compañera.

Por último, derribó una máquina recreativa cercana.
Una apetitosa manzana estaba oculta en su interior.
Se apartó, pues Blaze se acercaba con una resolución y una mirada que hacía suya esa comida.



martes, 30 de agosto de 2016

Día 12: Escritorio (Beyond: Two Souls)





La pequeña Jodie jugaba en su cuarto con algunos de los juguetes desparramados por el suelo.
Se trataba de un lugar agradable, aunque como bien sabía la niña un tanto solitario.
Excepto por Aiden.
Él siempre estaba allí con ella, desde que tenía memoria.

El doctor Cole entró para avisarle de que debían disponerse para la prueba.
Unos minutos más tarde, un extraño casco metálico cubría la cabeza de Jodie, que sentada frente a un escritorio, aguardaba instrucciones.

La primera prueba resultó sencilla, pues solo debía señalar cuál de las cartas que tenía frente a sí era la que estaba levantando una señora en una habitación contigua.
No obstante, el doctor Nathan Dawkings, mandamás en la base científica en la que se encontraba, quiso arriesgar y elevar el nivel del experimento.

Le propuso que tratase de mover algún objeto.
En un principio Aiden hizo un trabajo limpio y discreto al sacudir una torre de cubos de cartón que había en el escritorio de la habitación contigua, provocando el sobresalto de la señora que, sorprendida, asistió al suceso en primera persona.
Sin embargo no se detuvo ahí.
No sabía bien si se debía a Aiden o a la rabia que recorría su interior, pero Jodie comenzó a hacer saltar por los aires todo objeto a su alcance en esa sala, destruyendo cámaras y bloqueando salidas.

Cuando la señora se levantó visiblemente alterada, Aiden y Jodie hicieron saltar el escritorio por los aires, estampándolo contra la pared de enfrente.
El chasquido de su estructura quebrarse se intercaló con los gritos. Nathan Dawkings quería que aquello parase, aunque no más que la señora que golpeaba la puerta de salida implorando que cesase aquella experiencia.  



viernes, 26 de agosto de 2016

La persecución



La persecución:

Montaje con un audiorelato inspirado por los primeros compases del videojuego 'Inside'.


Relato:

Cada vez que había creído encontrar un sentido a la vida, dentro del marco de la existencia, aquello tenía lugar.
Le sedaban, le ponían un número y una bata, le arrebataban toda posibilidad de seguir avanzando por su camino.
Su hogar sería un psiquiátrico donde ser tratado con la fría y severa profesionalidad de los que engrasan su engranaje.

Lejos de sus seres queridos, privado del ritmo de vida que se le antojaba esencial para alcanzar sus metas, corría en sueños asaltado una y otra vez por la incómoda y aterradora idea de ser atrapado por aquellos que solo querían quitarle de circulación.

El horizonte, si era capturado, serían días y noches eternas en un lugar donde el sentido es el orden y la prioridad la ofuscación.
Un lugar donde resistirse a iniciar la senda del sufrimiento por vacío era inútil.
Sumido en la pesadilla, no se percataba de que su deseo era despertar.

Tan sólo contenía lágrimas de impotencia, ante la idea de ser privado de todo orgullo, dignidad y libre pensamiento.

martes, 16 de agosto de 2016

El latir del reducto familiar





La hermana de 'la gitanita' es una persona que me recuerda a gamberradas y aventuras de infancia. A días de playa y reuniones familiares en una época donde todo parece fuerte y profundo como las raíces de un árbol milenario.

Sandra, esa chica que, mientras yo inventaba junto a mis primos hermanos todo un mundo de experiencias donde dejar a la imaginación volar, se atrincheraba junto a su inseparable prima Sonia en el apartamento más bajo del complejo adecuadamente llamado Paraíso.

De acuerdo, nos echaban de esas improvisadas reuniones, pues mientras unos éramos unos mocosos metomentodos las dos primas deberían tener sus asuntos que tratar. Pero lo que no podían hacer era disimular la parte que les correspondía de la luz que se generaba en aquel lugar.
Esa magia, que tanto se apreciaba sobre todo por parte de los más jóvenes, nacía de la semilla que cada uno plantaba individualmente.

Y Sandra, de la cual conservaba apenas un puñado de imágenes en mi mente, estuvo allí al igual que el resto, se ilusionó al igual que el resto y puso su ración de luz para que el conjunto brillase hasta el punto de grabarse en la memoria de todos.

La vida transcurrió.
Destruyendo y separando.
Los caminos de los individuos que otrora conformaron una bonita unión se separaron e incluso se fragmentaron en sí mismos.

De repente, sin embargo, el eco de esa luz me llegó a través del frío tejido de las redes sociales.
Lentamente, aunque de modo constante, fue manifestándose hasta que me encontré conversando con una niña a la que siempre recordé mucho mayor que yo, como perteneciente a otro mundo. Súbitamente esa noción voló por los aires, dejándome en la situación que me encuentro.

Escribiendo unas líneas en honor a la sonrisa que me despierta el que Sandra, una de las banderas de una época en la que se trató de educar a una generación esperando infundir lo mejor, la hermana de una persona bien especial para mi, haya reaparecido en mi camino con fuerza.

Puede que a ese último reducto de lo que se intentó fraguar le cueste el mero hecho de respirar.
Que su latido sea extremadamente débil.
Pero por un momento ha brillado con fuerza el reflejo de su pasado, iluminando lo que espero siga fraguándose como una estupenda amistad.