sábado, 17 de mayo de 2014

Perdido en la gran ciudad



Todo empezó por ella.
Si imaginásemos nuestra mente como un laberinto, fácilmente podríamos compararla a una gran ciudad.
Pues bien, yo me encuentro en el centro de esa gran ciudad y busco la salida a través no solo de las barras de los bares, sino también del alcohol que cualquier supermercado pueda venderme.
Es inevitable pasear por esa ciudad mental sin percatarse de que hace mucho tiempo que no pasas por ciertos puntos ya transitados en tu lioso pasado. Con los bares y comercios plagados de clientes, con las carreteras plagadas de vehículos circulando a gran velocidad, vas sintiendo como la soledad va inundando tu interior, que a su vez la busca a ella desesperadamente, esa mujer a la que una vez amó.
Tu salud se consume a cada trago, a cada porro o cada cigarro que te metes, convirtiendo el paraíso que una vez representó para ti la ciudad en un infierno hecho a medida de un hombre hundido en melancólica soledad.
Por vez primera percibes que todo puede acabar mal, y empiezas a tener miedo de ti mismo.
Ya que, de nuevo, estás perdido. Perdido en la gran ciudad.

Del transporte público bajan muchas personas, y piensas que la mayoría de ellas se dirige a su casa con su respectiva familia. Estás confundido, sientes en tu interior un frío que cada vez más escala a través de tu interior para apoderarse de toda tu consciencia, cuando de repente, al otro lado de la acera, una enérgica voz grita tu nombre.
¿Quién es?
Cruzas velozmente la amplia calle, pero cometes un fatal error y te ves arrollado por un coche que deja tu magullado cuerpo tendido sobre el ensangrentado asfalto.
Estás perdido en la gran ciudad de tu mente, y ese accidente representa de qué modo tu cerebro se ha ido a peligrosos lugares a los que la gente cuerda no tiene acceso.
Ya no tienes claro quién eres, de donde venías y a donde te dirigías. Ni siquiera tienes claro donde te encuentras. Te preguntas a ti mismo mirándote en un espejo imaginario qué es lo que quieres, suplicándote dejarte en paz de una maldita vez dentro de ese laberíntico lugar en el que estás atrapado.

De repente abres los ojos y poco tardan en aparecer las primeras lágrimas de lo que será un auténtico torrente de alivio y desahogo.
Ella duerme tranquila a tu lado.
Te enciendes un cigarro y recuerdas que has soñado que estabas solo, perdido en una gran ciudad. Recuerdas que estabas deprimido y desconcertado, dando palos de ciego por salir de un horrible lugar que representaba tu propia mente desestabilizada.
Cuanto más recuerdas la fría soledad que sentías en tu sueño más gritas de dolor por dentro, hasta que te permites el lujo de apagar el cigarro y girarte hacia ella. Le acaricias suavemente el hombro y dejas caer la última lágrima, poco antes de caer dormido de nuevo.

Corres. Estás perdido en la gran ciudad.
Las mismas calles una y otra vez. Ya no sabes a donde dirigirte. Sientes que has desperdiciado tu vida entera tratando de salir de ese laberinto usando el alcohol de los bares o supermercados, cometiendo los mismos errores una y otra vez. Con la única intención de dar con ella, en medio de la oscura noche iluminada por cruel neón, quieres gritar alto para que alguien te oiga. Pero nadie puede escucharte, ni hay atajos posibles.
Estás perdido en la gran ciudad.
Vuelves a recorrer el oscuro sendero de la depresión, vuelves a sentir el duro martillo del desconcierto. Eres consciente de que te has vuelto a perder, y que lo estás por ella.
Una ascensión por un edificio en obras te permite ver con algo de perspectiva elevada la gran ciudad, y cuando llegas a la cima vuelves a tener claro lo que en un principio sospechabas.

Todo empezó por estar sin ella.

Dedicado al tema Perdut a la gran ciutat de Vintage.


2 comentarios:

  1. Cuando convives tantos y tantos años con un tema " suite ", un tema que siempre ofrecía matices diferentes a la hora de ejecutarlo eres consciente de lo grande que es. Es un orgullo que se le dedique un relato. Muchas gracias

    Carlos ( Teclista de Vintage )

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    1. Perdut a la gran ciutat es muy, muy grande. ¡De nada!

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