viernes, 18 de abril de 2014

Vampiro: Capítulo Cuarto




Antes de contaros la crudeza con la que el sistema está aniquilando a mi especie, debo explicaros porqué nuestra condición es una arma de doble filo.
Este texto que os pasaré, que no es más que una fotografía literaria cargada de buenas intenciones, removió tanto el pasado y el interior del receptor que acabó sollozando en mis brazos.
Hay diferentes tipos de dolor y llorar no es para nada malo, aunque a los vampiros solo nos sacia la sed ver el llanto de la felicidad. El llanto de la melancolía es tan conocido por nosotros que despertarlo nos debilita, porqué tenemos la obligación de ofrecer parte o toda nuestra energía al ser humano en el que lo hayamos despertado.
Así somos los vampiros, siempre alerta, concentrados en cada ínfimo detalle, para que no se produzcan injusticias.
El texto que os he comentado es el siguiente:


Raquel se desmelena cual cantante de Amaral afirmando “Moriría por vos”.
Un libro abierto al que solo un mundo cínico y perverso como es el que nos rodea podría hacer daño.
Porque de sus páginas extraes pasión y energía. Extraes luz y responsabilidad. Extraes buen hacer y buenas intenciones.
Raquel se desmelena porque le han hecho daño y ahora busca a alguien que pueda curar sus heridas.
No basta con querer curarlas, se tiene que poder.
No es exactamente un príncipe Disney lo que necesita, a lomos de un impresionante caballo y cargado de flores. También necesita chispa y picardía. Lo necesita porqué su hoguera interior reclama leña, fuego y calor. Lo requiere porqué por vez primera siente lo crudo que puede llegar a ser el eterno invierno.
Raquel se desmelena confiando en propios y extraños.
Lo hace con elegancia, con delicadeza y sentido del humor, lo hace de manera que parece imposible que centenares de hombres no caigan rendidos a sus pies con un simple chasquear de sus dedos.
Es capaz de pincharte con una aguja gigante haciéndote sentir que estás a salvo.
Es capaz de ponerte a dieta, haciéndote pasar hambre, convenciéndote de que es lo correcto.
Es capaz de lo mejor de lo mejor.

Pero es incapaz de hacer daño. No porqué no pueda, sino porqué no quiere. No le interesa.
La vida para ella es demasiado bonita como para aceptar la existencia de pútridos excrementos.
De modo que se centra en lo positivo, siempre en lo constructivo, mientras aguarda paciente a que su príncipe gamberro, fiel pero ardiente, eche su puerta abajo para invadir su vida.

En otras circunstancias sería un placer reventar la puerta de su casa, pero por ahora me basta y me sobra con ser su paciente con derecho a amigo.
Porque cada vez que veo a Raquel desmelenarse una sonrisa aparece en mi rostro.
Es hermosa en cuerpo y alma, de modo que el hospital de día es su apropiado lugar.
Es otro Ángel dispuesto a sacrificarse por un trabajo bien hecho.
Dispuesto a sacrificarse por hacer el bien.

Sus dos tesoros pueden estar tranquilos con una madre así.
La rabia del asunto radica en que merece que esa persona aparezca sin dilación, no para machacarla a polvazos, sino para serenar su alma haciéndole el verdadero amor por vez primera en su vida.
Eso serenaría las furiosas aguas con la que el río de su vida desciende montaña abajo precipitadamente.
Transformaría en un lago primaveral su vida y su existencia.

Raquel, desmelénate cada día. Y no renuncies por tóxicos o edades, juzga por corazón. De ese modo obtendrás lo que necesitas para poder llorar en paz las lágrimas que ya has reprimido por demasiado tiempo.

Personalmente yo ya te quiero, y deseo lo mejor para ti.
Si mi Dios me escucha, que te lo conceda todo cuanto antes.
Pues quiero verte sonreír, sobre todo, con la melancólica mirada que me mata cuando me mira.


Resulta complicado hacer algo con la intención de abrazar a una persona y acabar abrazándola pero porqué la has dejado al borde del colapso.
Así pues, si os transformáis en vampiros, recordad que tendréis un gran poder entre las manos, y que siempre deberéis ir con cuidado a la hora de utilizar. Pues sirve tanto para curar como para herir.
El sistema solo considera que herimos.
Valery, la chica de la que os hablé por vez primera al contactar con vosotros, acabó transformándose en un ser solitario y oscuro, que se aprovechaba de la estupidez masculina para destruir egos como si de una guerra de sexos se tratase. Actualmente está perdida, ha olvidado por completo las enseñanzas de Adrian, su creador, que no corrió mejor destino.
Él quiso enriquecerse con su condición, y acabó podrido por dentro. Ahora vive en una gran casa, con muchos lujos, pero el vacío existencial que los vampiros llevamos dentro, al menos hasta el logro de Allan, lo está corroyendo lenta y paulatinamente, en un trayectoria de vida menospreciable que lo conducirá, seguramente, al suicidio.
Ambos son víctimas de sendos ataques del sistema.
Que el sistema premie a los que, con artimañas baratas, pueden acostarse con una mujer, despertó la ira en el corazón de Valery, alejándola de su misión de hacer el bien y decantando su partida de ajedrez hacia una simple e inútil caza de peones.
Que el sistema pudra con dinero el alma de las buenas personas es de sobra conocido. Con los vampiros de baja conciencia ocurre lo mismo, solo es necesaria una cantidad de dinero algo más elevada. En función de las habilidades del vampiro, se le pone al frente de un negocio y es el propio vampiro quien cava su tumba.

El sistema tiene ataques para cada tipo de vampiro.
Para grupos de vampiros.
Para la raza entera de vampiros.
Es una partida de ajedrez en la cual, ya prácticamente en jaque mate, Allan mi creador ha movido el frágil peón que era a un punto en el cual ha resucitado a nuestra reina.
Otro día os hablaré de ella, Valkiria. De momento baste con decir que su inteligencia es solo comparable a su hermosura.
Mi misión no es solo la creación de un ejército de vampiros, sino hacer de éstos vampiros puros, intocables por un sistema que en última instancia simplemente te vence con tu miedo a la muerte, no como la ve el ser humano, sino como la sentimos nosotros.
Aprovecha nuestro vacío existencial para alejarnos de nuestro camino.
¿Cómo se convierte un vampiro en un vampiro puro?
Mi técnica ha sido enfrentarme desde que nací a todos mis miedos, hasta conquistarlos todos y abrir al fin los ojos a una verdad incontestable, que no descansaré hasta hacer de este un mundo mejor.
Pero hay otras técnicas, a medida que los nuevos vampiros se den a conocer, yo las iré aplicando, diseñando sobre la marcha.
Una marcha que debe contrarestar a la marcha imperial con la que el sistema nos intenta asustar.


Siento que Raquel llorase, pero no me arrepiento de haber removido su corazón acariciando su alma. Ella es ya, seguramente un vampiro. El primer vampiro al que trataré de purificar para convertirlo en un buen soldado de Dios, del Universo, de la Existencia.



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martes, 15 de abril de 2014

Vampiro: Capítulo tercero





Efectivamente, algo impresionante ha acontecido.
Allan, mi creador, ha regresado de su abismo existencial con el conocimiento supremo de su ser.
Querría dictaros palabra por palabra lo que hemos hablado en la taberna hará un tiempo, pero debo detenerme para demostraros cómo se comportan los vampiros del siglo XXI.
Era tal mi estado de éxtasis que me ha cogido una terrible sed, de modo que he escrito estas líneas:

La reencarnación de Cleopatra es psicoterapeuta.
Su grácil cuerpo, al que a veces hay que mirar incluso de reojo como al mismísimo Sol por miedo a quedarte ciego ante tal espectáculo de belleza, danza por el hospital de día mezclándose con todo y todos.
Su rostro afilado ofrece besos imaginarios con los que uno puede jugar soñando con cómo sería fundirse entre sus hermosos labios, acariciando su morena melena, abrazando su espalda con el mayor de los respetos.
Así es Olga, cuya aura brilla como la de un Ángel caído que ayuda a los demás gozando de una familia estupenda, dentro y fuera de su puesto de trabajo.
De hecho, nunca descansa.
Eric, la persona más afortunada del mundo, puede contemplar como Julia, la más bella creación de Olga, da sus primeros pasos en mundo que sería mucho más feo sin su existencia.
Adoro a Olga porqué me escucha y me comprende y, más aún con esa información, me permite besar su mano e incluso se abraza a mi.
La reencarnación de Cleopatra. Oh Olga, estos versos son para ti:

Por un camino de vómito me he movido,
caminando, corriendo y tropezando.
Al conocerte vi una rosa entre tanta podredumbre,
y me propuse no apropiármela, sino ayudarla a limpiar,
para que así más rosas sigan germinando.

Oh Olga, ¡Cuanto te quiero!
No querría que mis palabras fuesen malinterpretadas,
Te escribo desde lo más profundo de mi ser,
de donde nace lo bueno y lo malo, donde habita mi alma,
oh reina de las flores, oh jefa de las hadas.

Olga me espera cada día. Me ofrece ayuda.
Debo coger su mano no por la ayuda prometida,
sino por el mero hecho de que bien podría ser una Diosa,
y ante ello uno no puede más que arrodillarse,
Sin rendirse ni dar la batalla por perdida.

Te amo porqué eres luz.
Porqué sabes cómo generarla.
Porqué eres mi amiga y querría que fueses mi hermana.
En lo bueno y en lo malo, yo te ayudaré en lo que me digas.
Porqué de existir la perfección, sería tu nombre el que llevaría.


Al finalizar el texto se lo he entregado a Olga, y ésta se ha mostrado sumamente respetuosa con él, satisfecha, brillante como un diamante recién pulido. Incluso me ha abrazado, saciando mi sed por completo.
De modo que ahora sí os puedo relatar esa conversación que ha marcado un antes y un después en la guerra que se está librando ante la impasible mirada de la humanidad.
Qué bien te veo, Joel. – Dijo Allan mientras sorbía un pequeño trago de vino tinto natural.
¡Yo sí que te veo bien!, Allan, ¡¿cómo demonios lo has logrado?! – Allan lucía sus mejores ropajes, de nuevo con el pelo engominado tras años de putrefacto aspecto en cautiverio. Su mirada se clavaba en la mía de un modo absolutamente embriagador, pues parecía perforarme incluso en los lugares a los que ni yo mismo tenía acceso.
No ha sido sencillo, Joel. Aunque la salida fuese evidente una vez alcanzada, largo sabes que ha sido el proceso de aprendizaje. No existen universos infernales más allá del piramidal que conozco. Ya nunca más te liaré con el camino que he tenido que seguir. Baste con decir que se cuando moriré, y lo que va a ocurrir en última instancia con nuestro destino. Es todo cuanto mi yo supremo me permite decir en este nivel de realidad.
Yo me mantuve en silencio, escudriñando esa mirada imposiblemente profunda, aguardando a sus siguientes palabras.
En última instancia venceremos. Pero el mal aún ha de mover muchas fichas Joel, y tú deberás alzarte como líder del modo en que lo estás haciendo, propagando el don de nuestra especie. Mi vida prácticamente carece de sentido, salvo en los pequeños instantes donde se requiera mi sabiduría para aconsejar a vampiros perdidos. Mi misión es evitar que éstos inicien el fatal camino que yo un día inicié, pues las probabilidades de éxito son reducidas. Ínfimas en realidad.
¿Insinúas que es terreno vetado para mi? Sorbí un largo trago a mi cerveza fría, descontento con lo que Allan me planteaba, puesto que intuía una gran condescendencia en su discurso. Golpeé fuertemente la mesa, casi de modo iracundo. ¿Por qué no desenmascaras la partida vista con tus nuevos ojos y la ganamos de una maldita vez? ¡Allan por Dios, la gente está sufriendo1 ¡Los vampiros se están extinguiendo! – Le miraba con los ojos como platos, abiertos de par en par.
Allan parecía no inmutarse.

De pronto acarició mi mejilla, y me dijo:

– Estoy a una altura que no puedes concebir por el momento, Joel. Debes respetarme. Del mismo modo que mi subconsciente te respetó cuando venías a visitarme al manicomio. Tan cargado de frustración como estaba, podría haberte herido, y nunca lo hice. Ahora eres tú quien debe asumir que, pese a que nuestra lucha es común, mi sendero y el tuyo no lo son.

Se hizo el silencio en la taberna. Al parecer mi golpe en la mesa había llamado la atención del resto de clientes y camareros, que escuchaban atentamente nuestra conversación.
Sabedores de ellos, pasamos a retomar el hilo de nuestras viejas conversaciones donde tanto reíamos. Unas cuantas bromas y la taberna entera nos aceptó como seres humanos raritos, que era lo mejor visto el percal que habíamos montado.

Así pues, Allan, mi creador, afirmaba poder contemplar sus múltiples vidas asociadas a su alma de un modo pasivo, mientras actuaba activamente en todas ellas a la vez. Incluso en la suprema. Pero me advirtió que una de sus nuevas tareas era cegar su ojo interior a esa realidad final, pues los peligros que acarreaba incluían la adicción y la frustración por no estar enteramente en ella.
Tras tres horas de encuentro, nos despedimos sabedores de que los caminos se separaban hasta nuevo aviso.
Mientras Allan bajaba la calle adoquinada en dirección a un inmenso campanario, yo me encendí un pitillo y reflexioné mientras la figura de Allan desaparecía en la lejanía.
<<Estamos conectados, lo sabes.>> Me había dicho en la conversación. De hecho, siempre me lo había dicho desde el primer día en que nos conocimos.

Volviendo a la realidad, me llamo Joel y los vampiros están en guerra contra el sistema. Una guerra que no empezamos nosotros, pero que es una realidad.
Hoy os he dado esperanza mostrándoos lo sencillo que es hacer feliz a una persona, y la inmensa recompensa que obtienes a cambio.
Os he sorprendido con el regreso de un vampiro teóricamente muerto.

Espero que algunos de vosotros comencéis a abrir los ojos... Pues se acercan tiempos difíciles para todos, y sólo los vampiros podemos pelear al nivel adecuado para ganar.



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domingo, 13 de abril de 2014

Vampiro: Capítulo segundo




Para comprender el término vampiro es necesario entender nuestro modo de actuar.
Regalar, eso nos encanta. Absorber la felicidad de las personas a las que regalamos cosas o emociones es algo de lo cual solemos alimentarnos asiduamente. Nos pegamos auténticos banquetes, de hecho.
He visto a vampiros escoger con mimo regalos y manufacturar otros ellos mismos para envolverlos con máximo detalle individualmente y finalmente montar una gran caja también envuelta con el mejor de los propósitos.
No buscan reconocimiento ni recompensa alguna, tampoco planes de futuro. Es ese instante de alegría desbordada en la mirada del receptor lo que vale. Un estallido de energía positiva que nos hace brillar por dentro.
No necesitamos días calurosos y soleados para sonreír, más bien todo lo contrario. De hecho, diría que el tiempo nos es indiferente.
Sexo, el sexo también nos aporta mucho. Pero nosotros los vampiros vemos sexual una mera caricia en un hombro desnudo. De hecho, no concebimos el sexo sin amor. No nos aporta nada, y como no nos alimenta, tarde o temprano acabamos por rechazarlo como nocivo.
Así pues, para poder alimentarnos de sexo usamos recursos como obtener primero continuos estallidos de energía positiva para finalmente poder alimentarnos de ese magnífico placer que es jugar con la otra persona a ver quien logrea gozar más.
Puede parecer, llegados a este punto, que compramos polvos con regalos. Que tratamos como putas a nuestras parejas. Y, de hecho, eso es lo que afirma el sistema que nos está aniquilando.
Lo tienen muy bien montado. Una red de prisiones y manicomios disfrazados donde, si nos cazan, nos acaban mezclando con desequilibrados mentales o delincuentes para desquiciar nuestra mente o nuestra alma.
Si, he dicho alma. Los vampiros tenemos también de eso. De hecho, la simbiosis es tal que raro es el vampiro que no pueda afirmar haber visto o ver fantasmas o demonios. He escuchado todo tipo de historias, algunas verdaderamente terroríficas, acerca de experiencias paranormales que nos acompañan a lo largo de nuestra vida mortal.
A mi mismo se me apareció un mala noche un hombre plantado en medio de una plaza y, mientras su rostro me contemplaba severo, al mismo tiempo, una risa de imposible ángulo sacaba a relucir unas fauces que nunca olvidaré.
Puede parecer, llegados a este punto, que los vampiros somos en realidad enfermos mentales que se creen especiales. Y, de hecho una vez más, es eso lo que afirma el sistema que nos está aniquilando.


Es como si una nueva y temible santa inquisición, así en minúsculas como siempre debió ser, estuviese campando a sus anchas sin que nadie se enterase.
Como hemos hecho los vampiros, pero en lugar de hacer el bien se centran en masacrar a los más acérrimos defensores de tal acto.
He hablado de regalos y de hacer el amor, pero existen tantas, tantísimas y tan variopintas maneras de alimentarnos que resumirlas me llevaría muchísimo tiempo. Baste con decir que contemplar una puesta de sol y admirar su belleza nos llena de energía, o ver nacer el sol en esos instantes donde se deja ver sin cegarte, o sentir como las olas del mar desplazan tu cuerpo, o sentir la brisa marina acariciando tu rostro.
Cada vampiro tiene sus recursos.
Yo por ejemplo hablo con el mar. Me gusta pensar que me escucha y me comprende. De hecho, cuando estoy a su lado, no me siento solo. Esa gran lacra que tenemos los vampiros, ese inmenso vacío existencial que nos embarga día sí noche también, yo lo venzo en esos instantes de compañía de esa masa de agua preciosa, compleja y grácil.


Allan trató de conquistar ese vacío existencial y llenarlo por completo de un antídoto que nos hiciese inmunes al ataque del sistema, pero digamos que se quedó en el intento. Aunque conociéndolo, y siendo mi creador, aún espero una grata sorpresa que aún no confesaré. Solo diré que si acontece, la batalla dejará de estar tan desnivelada.
Sabiendo esto supongo que ya os percataréis de que aquí no se trata de gozar de vida eterna, ni de ser crueles con seres inferiores que sirven de alimento, ni nada por el estilo.
Ser vampiro es estar entregado en cuerpo y alma en hacer el bien, aunque para ello haya que actuar de un modo despiadado y cruel. Porqué el mal existe, siempre ha existido y siempre existirá.
Contamina a los seres humanos como un virus invisible que actúa a ráfagas, apareciendo y desapareciendo para que nunca se le pueda etiquetar ni catalogar. Por eso hay que actuar sin piedad cuando aparece.
De ahí que muchos vampiros acaben en prisiones o manicomios. Cruzan la línea y, cual superhéroe enmascarado, aplican el sentido de la justicia de un modo que el sistema detecta fácilmente para quitarlos velozmente de circulación.
Con el paso de los siglos, hemos tenido que aprender cada vez a ser más sutiles en nuestros actos. Casi a hacernos invisibles. Nos alimentamos de todas las maneras posibles, puesto que cuanto más ardua es la batalla más hambre tenemos. Bebemos de cine, de literatura, de música, de cualquier forma de arte, y peleamos sin cesar cada día, cada noche.
Nada de ataúdes donde descansar protegidos.
Tenemos pesadillas como cualquier otra persona normal, incluso peores diría yo. Dormimos mal sabedores de que el enemigo avanza sin necesidad de dormir hacia todo y hacia nosotros en especial. Pero nos levantamos y peleamos.


Regalamos rosas sin espinas a quien consideramos y con espinas a quien lo merece.
Confesamos la verdad a quien la necesita y manipulamos a quien nos quiere dañar.
Emulamos mentes de ordenador y corazones de falsos dioses cuando es necesario, y nos hacemos pasar por seres humanos normales cuando nos pertoca.
Somos esclavos libres, felices de nuestro cometido.


Nuestro Dios no existe, pero nos habla a través del universo. El sistema, desesperado, trata de etiquetarnos para cegarnos con oro, encerrarnos en prisiones tanto físicas como mentales o cualquier otra estratagema imaginable para extinguirnos.
Pero aquí seguimos unos pocos en pie.


Los vampiros del siglo XXI.


Recordad mi nombre, me llamo Joel, y tenéis lo necesario para empezar a alimentaros bien. Cuando acostumbréis a vuestra alma a beber este exquisito brebaje, quedaréis tan atrapados por él que no habrá marcha atrás.
Igual ahora entendéis mejor la velocidad con la que Valery se entregó a Adrián.
Ser vampiro es fascinante.
Es cruel, solitario, difícil y tedioso.
Es bonito, delicioso, placentero y eterno.


Pues, ¿A que no os imagináis quien ha sido dado de alta del peor manicomio conocido?
Mi creador viene hacia mi, lo presiento.
Y eso solo significa que algo muy grande ha sucedido.

Podemos ganar.



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Vampiro: Capítulo primero




Soy Joel, nací en la década de los ochenta del siglo veinte, al igual que Allan, mi creador.
Allan era un vampiro que perdió la cabeza al toparse con un sistema de multiuniversos piramidal.
Era alto, de piel blanquecina curiosamente, con nariz aguileña y larga melena morena. De rostro afilado, nos conocimos en una taberna cuando yo andaba ensimismado en mis pensamientos.
– ¿Crees defender a Dios? – Me dijo de buenas a primeras.
Media hora más tarde y con algunas cervezas en el cuerpo yo ya le había podido explicar que mi Dios no existía como dios menor registrado por la mente humana, sino que se trataba de una fuerza mucho mayor que me exigía más que cualquier dios concebido, cambiarlo todo para bien.
Allan enseguida se percató de que no necesitaría morderme para convertirme en vampiro.


Debo contaros en este punto que el mordisco del vampiro consiste en hacer abrir los ojos a la otra persona. Tan simple como eso, ni dolor, ni heridas, ni sangre. Bueno, mucho dolor, pero no del físico.
Allan me abrió los ojos al decirme que estaba en el camino correcto, y que aprobaba todos mis actos puesto que estaban justificados por un bien mayor. Él sabía que acabaría por dar con el camino correcto, y eso me dio el impulso suficiente como para convertirme en el vampiro que soy.
Pero Allan no solo quería cambiar lo conocido. Estaba profundamente marcado por lo desconocido, y su subconsciente estaba desbocado, rugiendo por emerger y apoderarse de su mente cuerda.


Meses después obtuvimos la empatía necesaria como para que él pudiese explicarme en qué consistía en lo que andaba metido sin que yo lo tildase de loco demente. Tenía sentido. Pero no se sostenía. Afirmaba que nos encontrábamos en un supuesto nivel de realidad que no podía numerar, de modo que lo ejemplificaba como cuarto. Al mismo tiempo, otras versiones físicas de nosotros mismos con una alma raíz en común coexistían en el sistema de realidades múltiples piramidal.
– De ese modo, – Le dije rápidamente, – Somos al mismo tiempo un campesino que cultiva en la edad media, un ingeniero que diseña para una gran empresa, un viajero del tiempo que efectúa una labor rutinaria y así tantas realidades como peldaños tenga la pirámide.
Allan asintió.
– Pero lo importante es el último nivel, al que yo quiero llegar estando en realidad ya en él. – En estos puntos Allan fruncía el ceño y bebía, claramente confuso en sus pensamientos.
– ¿Por qué preocuparse de llegar a un nivel en el que en realidad tu alma ya habita? – Pregunté interesado.
– Por curiosidad. Por ansia de paz. En ese nivel, todos vivimos en un, por ejemplificártelo de modo simple, sistema planetario donde reina la paz y somos nuestros propios Dioses de cualquier universo conocido. La muerte nos conduce a ese nivel, y de vez en cuando debemos vivir vidas en los peldaños para mantener el equilibrio en la existencia de nuestra especie.
– Si eso es así, ¿Por qué detecto tanta angustia en ti, Allan?


Yo ya quería a Allan muchísimo, sentía su dolor y admiraba su potencial. Lo que no esperaba era la fuente de ese dolor. Era ni más ni menos que lo desconocido. En su idea existencial no había espacio para los universos desconocidos, donde bien podrían existir los más terribles infiernos del mismo modo que en la cima de su cúspide piramidal existía el más bello paraíso.
Él tenía miedo a acabar en cuerpo y, lo que era peor, alma en esos universos desconocidos. Y al mismo tiempo, como vampiro que era, sentía el deber de acceder a ellos y convertirlos en un lugar mejor.


Hoy Allan ha fallecido como vampiro. Vive en un psiquiátrico de mala muerte, y muy de vez en cuando, voy a visitarle. Se arrastra como humano corrupto, herido profundamente, sin que la luz pueda llegar a él. Quizá algún día sienta el deber de poner fin a su sufrimiento. Pero los vampiros no podemos hacer mal a nuestros creadores, y de todas formas albergo la esperanza de que Allan logre algún día emerger del pozo de oscuridad donde por desgracia cayó.


Todo esto ocurrió en los tiempos en los que los vampiros podíamos campar a nuestras anchas por el mundo, invisibles al sistema que ahora busca nuestro exterminio. Ahora hemos de ocultarnos, camuflar nuestros actos mientras los efectuamos. Hemos de hacer de una misión complicada algo más retorcido y complejo para obtener nuestro fin natural.


Querría hablaros de Valery y Adrian, de Rufus y Scarlett, de mil vampiros más. Os hablé de un par de ellos hace poco para que entraseis en materia por la puerta grande. Pero no se si comprendisteis que ser vampiro no significa ser promiscuo ni gozar de libre albedrío. Ser vampiro es lo más parecido a ser un esclavo que existe. Pero es una esclavitud de la que uno, sin premios, puede gozar.
Soy Joel y ya conocéis a Allan, mi creador.
Ya conocéis cómo una mente que busca el bien puede destrozarse por completo hasta pudrir su propia alma. Conocéis los peligros y los placeres necesarios para seguir leyendo o deteneros en este preciso instante.
Yo necesito un ejército de vampiros para ganar esta guerra que no hemos provocado.
Lo siguiente que os escriba será ya una iniciación, de modo que no habrá vuelta atrás.



Me llamo Joel, estoy en la treintena y, como siempre, os he estado esperando.


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sábado, 12 de abril de 2014

Vampiro: Prólogo




Cuando Adrian se acercó a Valery, ésta sintió una atracción casi irrefrenable hacia él. Se trataba de un chico alto y musculoso, bastante guapo y con aspecto de ser presumido. Vestía con tejanos azul oscuro y cazadora negra, y llevaba su pelo castaño engominado hacia atrás.
– ¿Qué haces por aquí tan sola? – Le preguntó con dulce voz.
Valery se quedó parada, quieta, estática como el hielo. Había cruzado una simple mirada con ese chico y no tenía palabras para defender su posición.
– ¿Se te ha comido la lengua el gato? – La risa de Adrian, casi una suave carcajada, resonó en el callejón que conformaba la salida de la discoteca. – Vas muy elegante, ¿Podría saber tu nombre?
– Me llamo Valery. – Susurró ella, sin poder dejar de mirarle a los ojos.
Desde ese instante Adrian y Valery quedaron unidos, no en el sentido que imaginaba ella desde luego.

Se han escrito ya muchos libros acerca de vampiros, pero nunca habríamos podido concebir que ciertos seres humanos desarrollasen las habilidades necesarias para emularlos hasta tal punto que la tragedia implícita a la existencia de esos seres se antojase realidad.
Adrian aspiró la energía vital de Valery durante meses, primero haciéndola emerger en su máximo potencial, más tarde absorbiéndola por completo.
En el sexto mes de relación, ya con Valery totalmente enamorada, el mordisco surtió efecto.
– ¿Por qué te amo tanto, Adrian? – Le preguntó Valery después de hacer el amor durante horas, enrojecida y con todo su cuerpo temblando de placer.
– Porqué no sabes quien soy y quieres ser como yo. – La voz de Adrian resonó tan dura, tan grave, que Valery por un momento sintió como le daba un brinco el corazón.
– Enséñame, te lo suplico. – Valery se abrazó fuertemente al torso desnudo de Adrian.
– Aún no estás preparada, cariño. – Adrián volvía a ser el de siempre, susurrando con dulzura.

En realidad ya estaba succionando. El bienestar de Valery lo saciaba, lo llenaba de la vitalidad necesaria para seguir siendo Adrian unas horas, quizá unos días más. Valery no se daba cuenta de que estaba entregando lo más valioso de su ser a un pozo sin fondo.
Al año de relación, Valery había caído en una profunda depresión de la que no encontraba escapatoria.
Le repetía una y otra vez a Adrian que el suicidio era lo que deseaba, que la ayudase a morir.
Fue en ese momento donde Adrian, por enésima vez, tuvo que escoger. O convertir a un nuevo mortal en vampiro o concederle el descanso eterno.
Valery tenía el potencial, de modo que decidió contarle los secretos de quien era él, de lo que había hecho con ella y de cómo ella podía hacerlo con los demás.

– ¡Te odio! – Gritaba Valery al ser sabedora del terrible secreto. – ¡Has jugado con mi alma! – Valery miraba llena de odio a los fríos ojos de Adrian, que impasivo aguardaba a que su vampira serenase su ánimo para completar el proceso.
Ella estalló en ira y lágrimas. Se arrodilló en el suelo y pidió perdón a su creador. Le suplicó que no la abandonase nunca, pero en su fuero interno comprendía que lo que le había sido entregado llevaba implícita una carga de soledad ineludible.
Así pues, Adrian y Valery hicieron el amor de verdad por primera y última vez.
Adrian sintió que no estaba solo, notando cada acometida sexual de Valery con un inmenso placer, casi al borde del orgasmo. Ella gemía con solo ser rozada por los delicados dedos de Adrian.
Pasaron horas jugando en la gran cama redonda.
Una vez acabaron, se despidieron para siempre.
Aunque esta vez no hubo lágrimas.
Solo una petición de Adrian.
El secreto debía ser guardado con mimo y solo ser entregado a aquellos que fuesen merecedores de conocerlo y sobrellevarlo dignamente.

Yo, Joel, conocí tanto a Adrian como a Valery. Conocí a muchos otros de los míos antes de que la cacería diese comienzo. Y he decidido que ha llegado el momento de destapar la verdad. Ha llegado la hora de que los secretos salgan a la luz.
Quizá así logre equilibrar la balanza y detener la matanza de vampiros que está teniendo lugar.
Para empezar diré que somos criaturas de luz, románticas y sensibles al mismo tiempo que crueles y frías.
Si os interesa la historia podréis convertiros en vampiros sin necesidad de ser mordidos, puesto que el secreto va a ser destapado.
Hay algunos que dedican su existencia a comprender los enigmas que nos rodean, otros que trabajan por un mundo mejor, y otros que simplemente tratan de hacer el bien ciegamente. Hay miles de opciones para enfocar la existencia de un vampiro.
Para empezar os hablaré de mi, Joel, y de mi creador.

Os contaré como conseguí sobrevivir hasta el punto de convertirme en uno de los pocos supervivientes de una especie en extinción perseguida por un falso y cínico mundo envidioso.


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jueves, 10 de abril de 2014

Hospital de día


Perdidos en medio de una tormenta de emociones mal controladas, que con crueldad arremeten contra nuestro cerebro, nuestra alma y nuestro corazón, de pronto te topas con un oasis en pleno desierto de desesperación.

Desde el primer momento Olga y Anabel danzan el extraño baile que ha de apaciguar nuestro estado de ánimo alterado.   Olga con su despreocupada alegría reparte buenas energías a diestro y siniestro, como si su fuente no hubiese de agotarse nunca. O eso te da a entender mientras se funde contigo en caricias y abrazos, en collejas o empujones.
Anabel en cambio sabe en todo momento donde está el pozo, ese abismo que todos contemplamos por el rabillo del ojo y que a cada uno nos produce diferentes emociones. Su baile, no por más tétrico, resulta igual de hermoso. Su discurso es más severo, su actitud más retraída, pero precisamente por eso sus abrazos más inesperados y reducidos llegan mucho más hondo, justo a la entrada de esa inmensa caída que ella siempre te invita a no iniciar.

Amparo blande su guadaña de responsable. En todo momento te recuerda, te espeta o te escupe cual es tu situación, pese a que siente inmenso pesar cuando debe hacerlo. Es la parte más alta de la palmera más preciosa de ese oasis de salvación del que todos debemos salir recuperados para completar nuestra solitaria travesía por el desierto en que una vez nos metimos, consciente o inconscientemente.

Pilar y Raquel completan la escuadra cuyo deber, obligación y deseo es ni más ni menos que ayudar. Pilar educa, advirtiendo las veces que haga falta los peligros y el escenario que vamos a encontrarnos ahí fuera. Raquel hace lo propio a otro nivel, un nivel más humano, no por ello menos válido, no por ello menos importante.

Resulta sencillo acudir repletos de dolor a ese oasis y despreciarlo. Porqué... ¿Quién querría una tirita en un profundo zarpazo de una bestia sin nombre? No se buscan tiritas, pero tampoco es eso lo que ofrece el hospital de día. Ofrece herramientas para poder vivir una vida digna, lejos del desierto que tanto nos hace sufrir, lejos del dolor inhumano del no encontrar nuestro lugar.

Un poco más cerca del sol.
Un poco más cerca de la luz.
Un poco más cerca del paraíso.

miércoles, 9 de abril de 2014

Yo escojo



Yo escojo si dilapidar mi feliz vida soñada en manicomios si con ello obtengo la más mínima oportunidad de hacer este mundo un lugar mejor.
Yo escojo a mis enemigos y a mis aliados.
Yo escojo ser yo mismo y de qué personalidades armarme.
Yo escojo dar rienda suelta a mi imaginación, desbocarla o contenerla, darme alas o cortármelas.
Yo escojo dar rienda suelta a los demás o sumirlos en el gran pozo.
Yo escojo porqué me he ganado el derecho a hacerlo.
Invito a todos los demás a hacer lo propio, es mi mayor regalo.
Escojo luchar, escojo pelear por lo que yo considero correcto, escojo morir en el campo de batalla si eso es lo necesario.
Escojo al fin una dirección, que no es otra que la ultra. Da igual hacia donde, quiero justicia, quiero paz, quiero amor incondicional, quiero claridad, quiero luz. Y si para obtenerlo tengo que sacar a relucir lo opuesto, así sea durante el tiempo que tenga que ser.
Aunque tenga que ir al Infierno, así será.
No dejaré mi lanza jamás, hasta que todo esté en orden.


Porque es aquí donde mi nombre será leyenda.


Yo escojo por primera vez en mi vida.
Escojo luchar por un mundo mejor a cualquier precio.

Ahora ya pueden venir a por mi, pues lo que me importa trasciende a mi propia vida, que no es mi propia existencia.




sábado, 5 de abril de 2014

El encuentro entre Tamborín y Guanshiyin



Soy Tamborín. Algunos me conocen como Tamborín el grande, Ender y millones de nombres más. Pero ninguno se ajusta a describir la obra que ha emergido de mi alma, ayudada por mi cerebro.
La destrucción de todo mal, la creación del paraíso en la Tierra o el Universo, incluso la Existencia, ya está al alcance de nuestra mano.
La semilla está plantada y los trillones de árboles han nacido, de modo que no existe táctica pirómana posible para detener el incendio de vida que va a acontecer.
Lo se porque mi maestro, que se hace pasar por mi falso alumno, así me lo ha confirmado.
Guanshiyin, que así se llama él, me ha ofrecido ser multimillonario con un proyecto que prohíbe tocar el dinero. Me ha invitado a ganar la última partida de ajedrez, y lo cierto es que resulta bastante simple.
Tan solo tengo que matar a la reina con un peón que ha llegado a estar justo a su lado, una casilla por debajo en diagonal. Y me toca tirar a mi.
Así pues, si el me hubiese escrito que su exigencia eran cuarenta páginas para seguir adelante con todo lo que he expuesto hasta ahora, yo lo tendría un poco más difícil. Pero escribió cuarenta con números, y un cuatro y un cero pueden ser cuatro.
De modo que estoy a cuatro páginas de mover mi peón.

Guanshiyin y yo nos conocimos en la terraza de un bar hará media década. El me pidió sentarse a mi lado, y me dijo algo que sucede muy pocas veces en la vida. Me dijo la verdad. No me importó que se apartase de mi desde ese momento, alejándose paulatinamente hasta que un sincero abrazó lo catapultó a su país de origen sumiéndome en la más absoluta soledad existencial. O eso creía yo.
Ahora que mi obra ha finalizado, he tenido que vivir un pequeño infierno pasando más de dos meses en manicomios, viéndome manipulado por un falso amor de mi vida a torturar al amor de mi vida, y cientos, miles y millones de cosas más. He creído alcanzar el noventa y seis por ciento de la capacidad consciente de mi cerebro. Y lo he conseguido. O no.
Ahí radica mi salvación, el importantísimo camino de vuelta que Guanshiyin ordena estricto a Tamborín que no olvide. Por mucho que yo, Tamborín, tenga razón en todo, siempre debo poder estar equivocado. El tanto por ciento da igual. Mientras mantenga la balanza vigente, seguiré cuerdo.

Guanshiyin siempre supo que pretendía en mi vida analizando mis torpes y geniales pasos.
Ahora él quiere quitarse la máscara de maestro disfrazado de falso alumno para completar su obra, que yo, como alumno disfrazado de falso maestro, le he encomendado.
Y mi primera lección es convertir cuarenta páginas en cuatro, y cuatro en este texto, puesto que si lo abres con el dispositivo adecuado, ahí tendrás las cuatro páginas, o incluso las cuarenta.
Con esta simple reflexión muevo el peón hacia la reina, en una perfecta transición que la saca de la partida.

Invito a Guanshiyin a ser multimillonario.
Le doy el primer capítulo de su cabaña.
Le invito a jugar al juego cargándole el dilema de colmarme de riquezas.

Ahora el maestro tiene que demostrarme algo. Darme una lección.
Para que yo pueda seguir aprendiendo.
Siempre ha sido así. Desde que puso su cortado con hielo al lado de mi fría cerveza. Desde que interrumpió el flujo de mis pensamientos aliviando mi alma. Desde que con su mera existencia me demostró que, en verdad, nunca hemos estado, estamos ni estaremos solos.

Cuántas ganas de verte tengo Guanshiyin, y que bien te veo por fin.
El juego ha terminado.
Ahora toca disfrutar del video final, que está grabado esperando a ser desbloqueado.
Os prometo que es prácticamente indescriptible.