jueves, 20 de agosto de 2015

Recuerdos en la profundidad



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El muchacho cavaba y cavaba.
Tras toda una juventud acumulando secretos y momentos preciados, su objetivo no era otro que el de ponerlos a salvo de la salvaje especie humana, tan destructiva y malévola por naturaleza.

No era el único en perforar el suelo de la campiña bajo un agradable sol de primavera.
Miraba a otros enterrar sus secretos con ilusa superficialidad.
Como perritos escarbaban un poco el suelo arenoso y, satisfechos con la profundidad conseguida, partían sonrientes a seguir viviendo sus vidas. A seguir acumulando tesoros.

Sin embargo la vida de Michael había dado para una cantidad ingente de experiencias.
Era su deber encontrar el escondite perfecto para tan precioso cúmulo de circunstancias.
De modo que siguió cavando hasta incluso no notar la luz del día. No por la conclusión de éste, sino más bien porque tras un numeroso montón de jornadas había cavado tanto que ya se podía decir que había logrado crear una cueva en plena campiña.

Ahora tocaba el túnel. Un túnel que habría de conducirle, pasado el tiempo, al mejor escondite que jamás se pudo concebir.
Mientras, los otros jóvenes de su misma edad simplemente continuaban con sus vidas, dándose cuenta de que no merecía la pena perder el tiempo en proteger el pasado de uno, sino que más bien lo que importaba era proseguir con la acumulación de experiencias, en cuyo proceso se encontraba la vida de uno mismo.

Pero Michael ya se encontraba ajeno a aquellas enseñanzas, y hacía oídos sordos a cuantos trataban de advertirle de su error.
Cuando el pasado quedó ya muy lejano, en lo hondo del túnel que se adentraba hacia las profundidades de la Tierra, un ser cornudo de larga cola terminada en flecha emergió de las profundidades fundiendo la arena con su aura en llamas.
Michael se lo quedó mirando, sudoroso y cansado.
– ¿Quieres que te ayude, muchacho? – Michael asió con más fuerza el paquete que llevaba en su brazo derecho. No dudo en preguntar.
– ¿Eres un demonio? – Los ojos del ser de roja piel se llenaron de llamas por un momento. Una débil risa precedió a que continuase con su oferta, que de buen principio ya había tentado a Michael.
El demonio le dijo que hacía bien en proteger con tanto ahínco su pasado, y que si se lo entregaba a él, lo llevaría a un lugar tan lejano y profundo que por toda la eternidad quedaría a salvo de los demás.

Michael estaba muy contento.
Ahora simplemente debía decidir a qué profundidad lo enterraría, pues el demonio le había dicho que a cambio de su ayuda Michael debería dar una porción de su memoria en función de lo hondo que su pasado quedase enterrado.

Al día siguiente Michael no recordaba nada de su pasado, tan solo que estaba a buen recaudo con el ser que se había encontrado en lo hondo del túnel.
Los demás chicos y chicas le invitaron a salir a divertirse, pues hacía largo tiempo que Michael no salía, ni lo pasaba bien, ni en general, vivía su vida.
Pero éste se negó de malas maneras, y muy preocupado fue al túnel tratando de no ser visto.
Reabrió la cueva y se adentró en las profundidades del túnel, esperando toparse con el demonio.
Pero el túnel era ya mucho más largo, antojándosele prácticamente infinito tras unas horas.
Desesperado, se tiró al suelo y comenzó a sollozar.
La voz del demonio lo interrumpió.
- Apenas te queda memoria. – Michael alzó la vista hacia la criatura, que llevaba el paquete con sus recuerdos encima. – Entrégamela en su totalidad y te dejaré, por última vez, recordar.
Michael y el demonio quedaron en silencio largo tiempo.
De pronto Michael tuvo un recuerdo muy intenso del rostro de su madre, que tantas historias le contaba de pequeño.
Recordó las historias de demonios, en las que esas criaturas siempre se salían con la suya a poco caso que les hicieses.
Imaginó a sus amigos pasándolo bien en aquel bello atardecer que tanto tiempo hacía que no disfrutaba.

Cuando el sol ya se había retirado y tan solo quedaba un poco de su luz iluminando el ocaso, Michael salió de la cueva en la que desembocaba el túnel sin paquete alguno.
Todo el pueblo se encontraba cerca, mirándole con asombro.
Y es que cuando el demonio se vio derrotado, cuando Michael aprendió por fin a vivir, el grito infernal que había recorrido el túnel saliendo con toda su fuerza a la campiña había alertado a prácticamente toda la población de la zona.
La madre de Michael le miraba con lágrimas en los ojos.
Lágrimas que pasaron a ser de felicidad cuando Michael fue con ella y sus amigos a repartir unas sonrisas y unos abrazos que desde que se hizo con un pico y una pala no había podido mostrar.



8 comentarios:

  1. Nunca es bueno anclarse en el pasado, por que normalmente no te deja avanzar. Pero tampoco es bueno olvidarse de el ya que puedes aprender mucho él el.

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    1. La cuestión siempre radica en dar con el equilibrio adecuado...

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  2. Todas las experiencias se convierten en pasado, es bueno acordarse de ellas pero sin quedarse retraído en ese tiempo. De todo lo vivido siempre hay una lección. Por eso es tan bonito vivir! Un abrazo!

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  3. Que relato más bonito. Me ha encantado. El pasado siempre es importante aunque nos haga daño. Sin él no podremos vivir nuestro presente. Un besillo.

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    1. Gracias, me alegra que te haya gustado tanto.
      Cargar con el pasado bien merece, en ocasiones, dejar ir algo de peso. Aunque al final siempre suela regresar...
      Un beso.

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  4. Un relato aleccionador. esta vez el Autor ha permitido, cosa rara en él, que acabe bien de lo cual me congratulo. El pasado es importante con todo su bagaje de aprendizaje y recopilación de experiencias, pero deben servir como ayuda y recordatorio de errores y aciertos cometidos. Como bien enseña el relato el querer conservar los recuerdos escondidos en lo más profundo hace que éstos pierdan su valor más preciado. Es, pues, un muy buen relato con mensaje para quien lo quiera ver. Saludos

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    1. Gracias por leer y comentar.
      Me alegra que te haya gustado y te haya sorprendido el final feliz jeje.
      Un saludo

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