martes, 4 de agosto de 2015

Un claro entre Tierra y Luna: Capítulo III



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Sentía que la brisa, cada vez más suave y fresca, acariciaba su empapado cuerpo mientras éste no paraba de ascender.
El brillo ante el claro de luna era cada vez más intenso, y su experiencia se basaba en una especie de blanco infinito en el que podía moverse a su antojo, aunque siempre con la sensación de estar en movimiento inexorable.
Trató de abrir los ojos con éxito.
Frente a él la luna era ya inmensa, y las estrellas se habían multiplicado desde que no mucho tiempo atrás las hubiese observado detenidamente desde la playa.

Una pequeña sensación de ahogo llegó a Thomas cuando la altitud del ascenso se proclamaba excepcional.
Juntó las piezas y se hizo a la idea de qué o quién era aquella voz.
Si había visto a Joana bien podría ser la mismísima Muerte, que con su guillotina ensombrecía la luna aquí y allá aguardando que su cuerpo ahogado pasase a pagar el precio de su locura.
Harto de todo, escupió sobre el océano que ya quedaba abajo a lo lejos en señal de menosprecio por haber sido simplemente una última visión anterior a un certero final.
Sin embargo, no tenía demasiado sentido.
En su fuero interno su corazón aún se resistía a dejar atrás la única pista, el único rastro, que quedaba de su difunta mujer.

Flotó durante un tiempo que se le antojó una eternidad.
No así la visión de lo que acontecía. El constante aparecer en el cada vez más iluminado universo de múltiples estrellas y constelaciones lo embargaba haciéndole sentirse un ser diminuto, mientras se preguntaba a dónde le conduciría todo ello.
Ciñéndose al tamaño de la luna estaba claro que, si es que no se dirigía hacia ella, pronto la lamería al pasar por su lado.
Mientras, su vista se perdía entre la elíptica galaxia que todo lo conocido por él contenía, pasando por cantidad de asteroides y cometas que surcaban el cielo universal dejando bellas estelas a su paso.
De algún modo le recordó a los bancos de peces que bajo el mar le habían deleitado con su presencia.

– ¿Estás listo para venir conmigo? – La voz sin dueño le sorprendió, conduciéndole desde el velado sueño en el que creía estar sumido a un despertar brusco en el que tuvo que inspirar profundamente varias veces para no morir ahogado.
Thomas ya no tenía nada que perder, de modo que abrió su mente cuanto pudo, cerró nuevamente los ojos y se dejó llevar, dentro de la gran burbuja que le estaba transportando desde la profundidad oceánica de su planeta a un lugar desconocido ya prácticamente adentrado en el universo profundo.
– Abre los ojos. – Hizo caso a la voz, pero lo hizo lentamente. En su cabeza se mezclaban las imágenes de varias calaveras y hoces, sin embargo lo que vio lo dejó maravillado.
Veía el planeta Tierra como nunca antes hubiese imaginado.
Por más que hubiese tratado de expresar lo que sentía no lo hubiese logrado ni en todo cuanto le restase de vida.
Allí estaba, con sus mares y sus continentes, navegando por el universo rodeado de miles de millones de puntos brillantes que a su vez efectuaban el eterno viaje de la existencia.
De pronto cayó en la cuenta de que ya no estaba solo.
Miró por el rabillo del ojo a su derecha, y lo que vio le dejó más asustado que la visión de la Muerte que había estado trabajando.
Algo... Gaseoso podría decirse, de color violeta y anaranjado en sus extremos, se sostenía en el aire a su lado efectuando movimientos semejantes a los de las estrellas de mar al desplazarse.
– ¿Quién eres? – Preguntó Thomas, hablándole al ser de la voz por vez primera cara a cara.
Sutiles fluctuaciones recorrían ese cuerpo ingrávido cuando éste acariciaba el cuerpo de Thomas.
– ¿Dónde viste a Joana? – Probó con otra pregunta.
Esta vez el ser sí respondió.
– La vi pasar, como a tantos otros. Seres de luz, su alma brilla mucho más de lo habitual en vosotros. – Hizo una pausa. – Perdóname Thomas, aún no me puedo creer que estés aquí.
– Tú me has traído. – Replicó.
– Yo siempre ofrezco mi invitación, pero lo cierto es que a nadie se le ocurre lanzarse a un océano cuya fuerte marea te arrastrará a la perdición pudiendo observar con calmado raciocinio un destello en el camino.
Thomas meditó acerca de esas palabras que había cruzado con el extraño ser.
Joana... ¿Un ser de luz? No sabía que significaba eso.
De pronto el brillo del extraño ser pareció atenuarse, y descendió medio palmo la altitud que conservaba sobre el suelo lunar.
– ¿Qué ocurre? ¿Tienes un nombre? – El ser respondió con voz algo más cansada.
– No ha sido fácil traerte hasta aquí. Me llamo Rowan, y me gustaría contarte una historia.
Thomas se enervó al insistir sobre lo que le había conducido hasta allí.
– Quiero hablar de Joana, ¿Sabes a dónde fue? – De pronto recordó lo que Rowan había descrito como un destello en el camino. – ¿Qué es eso del destello?
Rowan se acercó a Thomas y la energía que desprendía lo rodeó al dirigirse a él.
– La noche en que partiste hacia aquí se estaba produciendo un claro de luna. Normalmente duermo, pero no existe nada mejor que el dulce despertar de un destello en el camino, es decir, lo inverso para mi. Vuestro planeta me ilumina como vosotros podríais percibir en cualquier anochecer natural.
Rowan siguió hablando, contándole a Thomas, consciente éste de que el extraño ser se despertaba por completo a lo largo de los claros de Tierra, que era durante ese destello cuando veía a la mayoría de almas partir.
En la inhóspita superficie lunar los dos seres continuaron observándose detenidamente, aguardando a que uno de los dos rompiese el hielo que el estupor inicial pudiese estar generando.
Fue el ser quién lo fracturó con una propuesta.
– Demos un paseo. Te contaré en qué dirección se fue.


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6 comentarios:

  1. Pues al final no es la muerte o eso se supone. Tengo ganas de ver como continua y que pasara con Thomas y su mujer y sobretodo saber que es realmente Rowan

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    1. Muy pronto sigo con ello, ahora creo que tocará un dibujillo ^^
      Un abrazo Silvia

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  2. Ni por asomo he acertado la continuación de la historia..mejor! Me parece original e intrigante! Por cierto, me gustaría ser Thomas en ese momento que se mantiene flotando...mar, luna, estrellas...qué magnífico panorama! Con ganas de más! Un abrazo!

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    1. Jejeje bien! Mejor contar con el factor sorpresa.
      La sensación de Thomas debe de ser de lo más especial.
      ¡Un abrazo Hada!

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